Era un mar de gente con tal fuerza que no era necesario caminar para que me llevara la corriente. Excepto él, él se iba para el otro lado. Todas las esquinas de la plaza central estaban colmadas de banderas y puños en el aire. Los gritos hacían eco inclusive en el concreto. Millones de personas querían justicia. Como olas que buscaban romper la opresión, todos caminaban hacia el congreso. Excepto él. Había recogido su casa, dos cajas de cartón y un colchón, y se dirigió en contra de todos. Tuvo que luchar, aunque varios se alejaban al verle la piel sucia, el pelo pegajoso y el caminar cansado. Se alejaba del caos, del pedir justicia. No quería nada de eso, aunque no tenía nada de comer. Se fue a buscar un lugar nuevo dónde dormir.

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  • Escritor, periodista e ingeniero. Sobreviví un rayo, escribo para sanar.