Desquicio:
Después de un tortuoso silencio prolongado, una mirada severa, fija, y una actitud impasible, dictaminó que yo padecía de locura, de un desquicio irremediable. Se trataba de un sujeto de famélico rostro pálido y ojeras prominentes, vestido con una bata blanca, que imitaba mis gestos desde el espejo.

- Gabriel Castillo Suescún. ©

¿Hacemos un #reto ?
Tres palabras: manzana, martillo y carretera.

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