Además de sacarse el chip de escritor, cosa que veo mucho en quienes están tomando mis tutorías; recomiendo hacer escrituras automáticas, sin miramientos, tendientes a generar la materia prima sin que importe nada más; ya habrá tiempo de corregir y enriquecer. Escribir lento como si de cada paso dependiera tu vida, es un error. Corramos por campos arados cayéndonos a cada rato, que para contar que fue una maratón sobre pista la que ganamos, hay tiempo y gente que puede ayudarnos.

Consejo rápido al paso (para iniciados): no abusar de los puntos suspensivos. Me llegan muchos textos que lo hacen, como una forma de generar ambigüedad a cada paso, porque en realidad no hay mucha sustancia en el texto. Hacer esto es oscurecer las aguas para que parezcan profundas...

Un error común que veo mucho por aquí y con la gente que trabajo (y que sufrí yo en su momento) es el del autor que cree que el lector está en su cabeza y da por sentado supuestos que para él son obvios pero no es así. Personajes que de repente se tiran por una ventana cuando segundos antes reposaban en un parque, etc...
Este ejemplo es una exageración, pero revisen sus textos en busca de este mismo error seguramente en versión mucho más sutil. Espero que el consejo les sirva.

Otro de los que rehazó mi invitación para las tutorías literarias, argumentó que estaba conforme con escribir como lo hacía (a pesar de usar cuatro gerundios en el mismo párrafo). Le creo, obviamente, muchas vece me sentí así; es decir, ignorando que eso es estar literariamente muerto.

Desde hace unos meses, me dedico a las tutorías literarias. Una mezcla de acompañamiento del autor, taller literario y corrección de estilo. Para ello también recluto autores de esta plataforma que me parecen talentosos; es que también quiero aprender yo.
Algunos a quienes invité a probar mis servicios me respondieron de formas dignas de ntologías (algunas muy graciosas, otras injustas, soberbias, etc...) y por eso las iré contando acá: como aquel señor de Madrid que estaba muy conforme con cómo escribía, es decir, el sueño jamás cumplido de todo escritor.
Mientras les voy contando, algunos de quienes pasaron por mis tutorías o se encuentran trabajando actualmente conmigo, podrían testificar en los comentarios, como si yo fuera un reverendo de madrugada en TV. ¡Testifiquen, Oh, Sí!
¿Cómo ven mi ayuda?

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