Cuando empezamos a escribir un texto, calentando motores, soltamos lo primero que se nos viene a la mente. Luego, de tanto leer ese comienzo al corregir, se fija en el cerebro y no podemos soltarlo. Y casi nunca, pero de verdad que casi nunca, ese es el mejor comienzo para el cuento. No por nada una de las primeras cosas que se enseñan es a que el autor rastree cual es el mejor comienzo. Hay varios criterios a tener en cuenta a la hora de evaluar cuál es:
La escena más destacada
La más impactante.
La mejor escrita.
La acción más lejana en el tiempo, si es que vamos a contar en una línea temporal lineal.
A pesar de los criterio, es bueno, aunque no obligatorio, que el comienzo ilumine el escenario y presente a los personajes, tiempo, lugar, situación, etc… Y lo más importante: es el párrafo que debe atrapa al lector.
Pero no todo es tan complicado, hay un atajo, y es impresionante porque también se ha probado estadísticamente. El verdadero comienzo de los texto, generalmente en su gran mayoría, es el segundo o tercer párrafo. Sin contar, eso sí, los diálogos, o contándolos como un sólo párrafo.
Pruébenlo. Si les funciona, me invitan un café.

¿Cómo están? Les dejo una herramienta para enmendar un error muy común en quienes se inician: evaluar muy bien las palabras “empezaba”, “comenzaba”, y verbos de la familia. La mayoría de las veces son innecesarios. Solemos utilizarlos mucho en sus diversas conjugaciones. El error consiste en que parece como si los personajes sólo comenzaran a hacer algo; pero en la mayoría de los casos encuentro que lo continuó haciendo y hasta lo terminó de hacer.
Por ejemplo: “Juan empezó a correr hacia su casa” en lugar de “Juan corrió a su casa”; si al fin y al cabo Juan siguió corriendo, y llegó a la casa, ¿para qué diríamos que empezó? Decimos que corrió, o corría, y listo.
De esta forma guardamos estos verbos para cuando realmente los necesitemos y sean irremplazables. Por ejemplo: “Juan empezó a correr a su casa, pero se detuvo, recordó que había olvidado algo, y volvió caminando a lo de su amigo”.
Espero que les sirva, un abrazo.

Un tip corto para principiantes y en apariencia poco útil: La raya de diálogo.

En casi todos los textos que me envían, los autores utilizan el guion para indicar que un personaje habla, y lo hacen dentro del párrafo del narrador. Esto genera mucha confusión, y ralentiza la lectura, entre otro problemas; cuando se hace de esta manera.
Una de las formas correctas, y además claras y fluidas de hacerlo, es en un nuevo párrafo por vez que alguien habla (o dos o mas dialogan) y utilizar la raya en lugar del guion.
La raya se hace con Alt+0151.

Apliquen a sus textos, y luego comenten qué les parece la nueva experiencia de lectura.

¿Te ocurre que los lectores no entienden lo que quisiste decir en una oración u obra entera? ¿Por qué no vemos estas cosas cuando escribimos o corregimos? Porque como autores caemos en disonancias cognitivas, tenemos todo en la cabeza y creemos que el lector tiene lo mismo. Pero el lector no tiene nada, solo las palabras que le vamos dando, ni siquiera conoce las que vienen, y nosotros sí. Entrenarse para ver lo que el lector verá, para entender lo que entenderá, es lo que hacemos en mi taller, entre otras cosas.
Un tip rápido: una técnica que ayuda a practicar y entenderlo es, una vez terminado un texto, olvidarlo por un par de meses, cuando vuelves a leerlo, ya hay cierta distancia como para juzgarlo como ajeno, y allí se ve con ojos de lector.

¿Estás trabajando con poesía? ¿Cómo decidir si hacerlo en prosa o verso? Si pasas tus poemas a prosa, verás que se leen igual, o mejor. En general, cuando recién te inicias, esto es así porque no conoces de métrica ni acentos. Entonces no tienen sentido hacerlo en verso, por el momento. Pero a no alarmarse. La poesía en prosa es relativamente igual de efectiva y buena, por más que todo el mundo quiera escribir en verso porque cree que es artísticamente más elevado que en prosa.

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