A más de cien años de su natalicio, el mejor homenaje que puede recibir Violeta Parra es continuar vigente en las gargantas, las guitarras y las plumas de los músicos y poetas que siguen inspirándose en ella. Creadora de una de las canciones más trascendentes de la historia, Violeta no es solo "Gracias a la vida"; su arte fue más allá: recopiló y difundió el folclore popular, desarrolló la escritura en décimas, exploró el tejido de arpilleras y la pintura, pero por sobre todo, le dio voz a los que hasta ese momento histórico no la habían tenido, y en canciones como "Arauco tiene una pena", "Arriba quemando el sol" y "Miren como sonríen", entre muchas otras, fue una adelantada denunciando y cuestionando las injusticias de la sociedad. Musicalmente, sus arreglos son sencillos, poderosos y de finales abruptos, y su voz a veces desgarra el alma, por lo que he llegado a considerar que la Violeta fue la primera punky latinoamericana. Como fuera, hay Violeta y violetistas par(r)a rato, porque ella sigue viviendo entre nosostros, porque como versa una de sus canciones: "Cuando se muere la carne, el alma busca su sitio, ya sea en una amapola o dentro de un pajarito".
#violetaparra

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