José Manuel Gómez Mira©

No tengo piel,
tengo escamas
talladas por el tiempo artesano
con su madera de vida,
un temporal perdurable
demoliendo sin pudor mi cabello
con el pecado
de la longitud de mil adioses
entre los dientes,
y una cicatriz
columpiándose sobre mis ojos.

No tengo nada,
ni tan siquiera
dueño soy de estas anclas vividas
prendidas con timidez
a una mar de palabras ciegas
y a su lastre de vocación de sal.

Por no tener
no tengo ni los relojes
que ha arrastrado el frío de mis olas,
ni el temple prisionero
del Sol ajeno de principios de marzo.

(Sueño la libertad
de una flor enraizada
con la fuerza de una tarde de agosto
sobre las dunas del musgo).

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