My Stories

EL DESEO DE LA DONCELLA

El deseo de la doncella


La veo a través de los matorrales

la admiro como un navegante a los mares

como un aviador a los cielos,

y como un enamorado harto de celos

escondido espero que ella no se percate

de mi inoportuna presencia

de mi atrevida presencia.

¡Sí! la respuesta es afirmativa

la espío mientras camina

porque para ella yo no existo

para ella solo existen sus responsabilidades

sus exigentes y diarias lecciones

que hacen que escape de sus aposentos a este lugar

que llore, que grite, que se lamente

y que al borde del precipicio posicione sus manos

en símbolo de plegarias, de favores

mientras observa las profundidades pedregosas

y luego al desinteresado firmamento

esperando un milagro como una niña ansiosa.

Pero yo que soy su vecino

y desearía ser más que un amigo

aun sabiendo que ya tiene un prometido

reconozco cuando alguien está llegando a su límite

y esta damisela no creo que llegue a señora

porque sentada o de pie luce derrotada

en ese lugar elevado que solo ella y yo conocemos

fantaseo que algún día ahí nos casaremos

y aunque solo sea una hermosa quimera

anhelo con que un día alguien me quiera,

pero que se sepa, yo solo tengo ojos para ella.

La veo suspirar profundamente y alejarse

tomando el pasaje que lleva a su hogar y pienso

que una vez mas no se ha animado a liberarse

quizás carece de coraje.

Esta mañana la veo agarrarse de sus refinadas telas

mientras se apresura hacia su terroso altar,

como no podía ser de otra manera la persigo

por el bosque a paso sigiloso, cuando asustado atestiguo

como las ramas lastiman su delicada piel

su blanca piel con aroma a miel

y rasgan los pliegues de su costoso vestido.

Sin embargo, yo sé que ella era testaruda

por eso ni siquiera le ofrezco mi ayuda

y una vez en el lugar, la misma secuencia se repite

ella llora un poco; ella se arrodilla; ella reza,

ella se levanta y contempla el abismo rocoso,

ella suspira; ella sacude sus prendas y regresa.

La sigo y me compadezco de su alma sin redención

por favor, que alguien le tenga un poco de compasión

a esa señorita solo quiero proteger,

que no se piense que soy su hostigador

porque aún más que eso, puedo ser su salvador

y que bajo este cielo azul se tome nota

porque ya he decidido lo que tengo que hacer

por más que ello haga a otros padecer.

Si mi amada se encuentra a salvo y ya no sufre

explicaciones a nadie pronunciaré ni deberé,

de manera que me siento compelido por mi caballerosidad

a hacerlo en la brevedad,

por eso en el último de sus días

me acerqué cuidadosamente hacia sus espaldas

y cumplí su más insufrible deseo.

En aquel declive, solo para asegurar

empujé su cuerpo con brusquedad

en su caída me devuelve una suave sonrisa

y por aquel sonido bajo y seco contra el suelo,

las aves huéspedes volaron asustadas

y fue entonces cuando decidí que ese

también sería el ultimo de mis días,

así que satisfecho me arrojé al vacío

y aterricé sobre su explotado cuerpo

sirviendo como único testigo este terreno carmesí.