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Isabela

Isabela


Capítulo I

Con una línea precisa termina delineando sus ojos, se mira.

Estás linda puta, sonríe… puta, pero linda…Por eso siempre me han gustado los espejos, muestran la mejor imagen de ti, ¿te imaginas que reflejaran cómo eres en el interior?, la imagen ya no fuera tan admirable, ¿cómo sería?, ¡no sé! ni me preocupa, solo sé que no sería agradable, aunque... sus ventajas tendría, todo el mundo sabría quién soy, no tendría que llevar dos caras, iría por ahí mostrándome tal cual soy…Humn quisiera ver la cara de los asquerosos que se acuestan conmigo todas las noches, a ver si así me pagarían tan gustosos. Repugnantes, ¡si supieran que lo que me dan es asco! pero no, soy buena actriz. De la vida si he aprendido algo, es el arte para los disfraces; después que aprendes a disfrazar el alma, no hay imbécil que te descubra, me merezco un Óscar en la interpretación de mi vida. Al menos de esta forma me realizo, ¿si supieran? nadie pondría en duda mis actitudes como actriz.

Se aleja un poco, se mira de perfil y sube el vestido rosa, justo a la punta de las nalgas…

 

¡Así está mejor! los hombres son tan idiotas, así los pongo bobitos...

 

Camina despacio, se inclina al lado de la cama y saca los zapatos de todas las noches, duda por un momento…

 

¡Hoy no! Necesito el maldito dinero, me pondré las pullas nuevas, tengo que llegar...taratatán ¡matadora!

 

Se dirige al closet y de una caja saca unos zapatos negros de tacón alto y fino, adornados con piedras.Les quita el polvo pasando suavemente sus manos blancas de dedos elegantes, estilizados, como si los acariciase. Camina nuevamente hacia  la cama, se sienta y con movimientos ágiles que solo da la práctica diaria, introduce sus pies, ladea un poco las piernas mientras sube el zíper que los sujeta a los tobillos. Se para, y va dando pasos cortos, uno tras otro, lentamente… como si modelase en una alfombra roja, imagina que es una actriz famosa y va camino al estrado  a recibir su premio, ese que sabe merece, mientras el público la alaba con vítores, ¡Isabela Condé! ¡Isabela Condé! ¡Isabela Condé!… ensimismada de esta forma vuelve a pararse frente al espejo, su querido espejo, ese que nunca la ha defraudado.

 

¡Lista! habrá que ver a las otras como se mueren de la envidia, con este cuerpazo, esta cara y este culón, no habrá quién se me resista, me parece oírlas “mírala, tan artista, cómo se cree cosas, tan fea la flaca esa, se carga de maquillaje como si su cara fuera una careta de carnaval, ella no se da cuenta que eso ya no se usa, ahora se anda lo más natural posible, con un jean a la cadera y unas sandalitas.” La gracia que me dan las moscas muertas, porque eso son, unas moscas, se pasan las noches enteras posándose de una esquina a la otra, mientras les pasó por delante una y otra vez con los puntos.  Sonrío irónica y escucho como cuchichean “yo no sé qué le hayan, narisúa…”

Escupo en el piso con toda la rabia que les tengo, mientras hago boquitas  y digo bien alto para que me escuchen: La que es linda, es linda y la que no, que se opere, ¿no es verdad, papi?

 

Se aparta los flequillos de pelo que le caen sobre los ojos, se mira nuevamente como si buscase algo específico…

 

Ahora sí, más vale que me apure, se me hace tarde y me espera una gran noche, tendré que amanecer, tengo  deudas que pagar. Las cosas podrían ser diferentes, pero no, esta fue la vida que me tocó y aprendí a vivirla bien, como se dice “Si la vida te da la espalda, cógele el culo”. De esta forma me mantengo y no le doy explicaciones a nadie, y lo más importante, me  pago mis caprichos y persigo mi sueño.

Sé que lograré salir pa´lante, algún día tendrán que reconocer mi talento, quizás hasta me hagan profesional y me cagaré en todo los lo que esta sociedad de porquería me ha impuesto, entonces ahí, en mi gloria, me quitaré la máscara, me mostraré a mí misma, la que soy, vencedora. Y no les quedará más remedio que aceptarme, ahí es donde me desquitaré una por una todas las cositas que les tengo guardadas.

 

Se queda mirando hacia el espejo que a sus ojos comienza a cambiar de dimensión, se expande y se imagina parada frente a todos…todos

 

¡TODOS HIJOS DE PUTA!, esto es lo único que se merecen.

 

Mientras termina su frase esgarra y escupe su propia imagen en el espejo, se aleja hacia la cómoda. Con movimientos mecánicos recoge el teléfono, mira su pantalla como a la espera de algo y lo guarda en la cartera. Otea nuevamente la habitación, presiona sobre el interruptor y a la vez que se apagan las luces sale dejando la oscuridad tras de sí, un último gesto de su mano tira de la puerta que se cierra abruptamente.