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Atrapado

Atrapado


Marcos se despertó en un lugar que escapaba de toda lógica y razón.  Un sitio en penumbras que jamás había visto antes. Se puso de pie con gran dificultad y comenzó a avanzar con pasos débiles hasta que algo retuvo su pie y lo tiró al suelo. Al mirar con detenimiento descubrió que estaba encadenado. Pensó que se trataba de un secuestro y con desesperación intentó liberar su tobillo, mientras se preguntaba cómo había llegado a ese lugar. Intentó repasar sus últimos pasos, tratar de reunir las piezas dispersas del rompecabezas de su memoria, pero no tuvo éxito. No podía recordar dónde había estado antes y tampoco comprendía por qué lo habían traído a ese lugar.

Miro a su alrededor en busca de una salida o alguna pista que revelara en qué parte de la ciudad se encontraba. Alzó la vista hacia las ventanas inalcanzables, cuyos oscuros cristales le impedían ver hacia el exterior. Comenzó a hurgar en sus bolsillos con el ferviente deseo de encontrar algo que le permitiera escapar, pero no tenía nada. Se arrodilló sobre el piso de tierra y lloró sin consuelo, pronto sus captores regresarían y él seguía ahí, en el mismo lugar que al principio. Estaba temblando, la rabia y la locura se estaban apoderando de él. Convirtió su mano en un puño y colocó el dedo índice entre sus mandíbulas que comenzaron a ejercer presión. Sus dientes se hundieron en la carne y la sangre brotó desde lo más profundo de su ser, tiñendo sus ropas y alimentando al suelo. Se acurrucó sobre el piso helado y cerró los ojos, lo único que deseaba era dormir, al menos así su mente podría escapar de ese lugar por un rato. Pero su cerebro seguía alerta, negado a cumplir con los deseos de su dueño.

A pesar de no conseguir conciliar el sueño, mantuvo los ojos cerrados durante horas hasta que una leve vibración lo forzó a abrirlos. Algo se estaba acercando y el sonido de sus pasos se volvía más fuerte con cada segundo. El joven se incorporó de forma brusca, una gran puerta, desapercibida debido a la oscuridad, comenzó lentamente a permitir el ingreso de la luz. Y sin darle tiempo a reaccionar, una gigantesca criatura similar a un perro, pero con apariencia demoniaca, entró a escena. Marcos no podía creer lo que estaba viendo. La bestia de diez metros le gruñía incesantemente y él estaba petrificado. El terrible animal ya había fijado sus ojos en su objetivo y estaba listo para atacar.

De manera impulsiva, Marcos emprendió la huída olvidando la cadena que lo retenía. No tardó en caer bruscamente contra el suelo produciendo una nube de polvo a su alrededor. El animal lanzó su primer ataque, pero Marcos fue rápido y logró esquivarlo. En ese momento la cadena se rompió y quedó libre. Estaba confundido, pero no había tiempo de pensar. Se dirigió hacia la salida y el panorama con el que se encontró fue desolador. Todo a su alrededor ardía en llamas y el cielo estaba cubierto por densas nubes oscuras que impedían el paso de la luz natural. Lo único que parecía ser inmune al fuego era un puente colgante que conectaba su antigua prisión con un destino incierto y lejano.

Marcos estaba parado al inicio del puente, dudando de su estabilidad. Un río de lava pasaba justo por debajo y temía perder la vida en algún tramo del trayecto. La bestia avanzaba a paso firme, acorralando a su presa. Podía ese ser el fin, pero él no estaba dispuesto a rendirse. Se aferró con todas sus fuerzas a las cuerdas del puente, listo para darse la vuelta y tomar el camino que tenía a sus espaldas. Pero su semblante cambió al mirar su mano derecha y notar que la herida, que él mismo se había producido, ya no estaba. Incluso las manchas de sangre estampadas en su ropa habían desaparecido.

Marcos estaba desconcertado, perdido en ese mundo irreal.

— ¿Qué lugar es este? ¿Cómo terminé aquí? ¡¿Por qué no puedo recordar nada?! —gritó, sumido en la desesperación.

La bestia ya no estaba dispuesta a contenerse. Le propició un brusco golpe que lo mandó unos cuantos metros a través del puente, el cual se tambaleó por el impacto. Marcos sintió todo su cuerpo adolorido, abrió los ojos y vio al animal decidido a terminar con su existencia. Tenía que levantarse rápido, pero el dolor lo inmovilizaba. Con dificultad, se dio vuelta y comenzó a arrastrarse a través de las frágiles tablas que componían el puente. Miró hacia atrás y vio al animal contemplarlo inmóvil, como saboreando su victoria.

Luego de un par de minutos, Marcos logró ponerse de pie. Sin intenciones de darle un respiro, el perro se apresuró a cortar una de las cuerdas, volviendo al puente más inestable de lo que ya era. El joven se aferró a una de las cuerdas ante la inminente caída.

—Esto no puede estar pasando. Es una pesadilla. ¡Quiero despertar! —gritó con todas sus fuerzas

Fue en ese momento de alta tensión que los recuerdos embistieron contra su mente. Jamás había abandonado su habitación, pudo verlo con claridad. Su cuerpo descansaba sobre su cama, pero había un problema, no respiraba. Entonces lo supo, la deliberada decisión que había tomado aquella noche estaba teniendo sus consecuencias. La muerte se había apoderado de él mientras dormía y era su culpa, él había provocado ese desenlace. El optar por una solución sin marcha atrás para una dificultad pasajera, lo había condenado a estar atrapado en esa pesadilla por siempre. Continuar huyendo de su problema era todo lo que podía hacer luego de recordar su infracción.