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TAMBIÉN, EL OTRO

Parte sin título


                                                                             Para M.

…la diosa de ojos verdes y palabras humanas que plantó en nuestro

pecho sus razones como una hermosa procesión de lanzas…

                                                                                                                                                                                                                                                                                   OCTAVIO PAZ

¿Qué va quedando de estos días, sino la estocada, el pecho y los ojos de la mujer que íntegra en su fuego me desnuda? ¿Qué va quedando de la espera, sino la risa como el signo del agua y la muerte que recesa en la piel manchada de los años para volverse un treno y un suspiro?

He de echar mis barcos a la noche para ver cómo la muerte masturba al soldado que deja su arma a cielo abierto y salta el muro de golpe y cae en el fango. He de entrar en el cuerpo del niño que aún se reconcilia con el astro y vuelve los pájaros, un desierto ensimismado. Ah, y tú que reconcilias las manos y el orgasmo; que te brindas ante el espejo y caes desnuda en mi herejía, ¿a quien ahora despiertas? ¿A quién tu voz indaga? ¿A quién devuelves este exilio que cae rodando en la palabra y sigue a la deriva de la luz que durante siglos es salvación y llega hasta el templo que me niega?

He inventado mi nombre para que respires. He construido otros muros para buscarte entre la piedra y la duda sembrada adentro como un cielo en mi vejez comenzando. Ahora la noche se detiene y el ángel ciega mis ojos y suspira. Ah, y ¿quién eres tú que llegas para invadir otros desiertos con la rosa? ¿Quién convida a la cierva para que te pueble como un lago y duerma feroz en tus latidos? ¿A quién recibes para volverlo velamen y en tus ojos incendiarlo?

Tú escapas de mí, pero tus pasos se abren en aquel manto de agua herido por un rayo que se enraíza en el día en busca de un estallido. Tú escapas y te adentras. Tú te quedas con la lentitud de las alas, cuando vuelan la inversa. ¿Y por quién respiras? ¿A quién amas diurna y sin paz como un reflejo? Oh, ¿quién pacta con tus besos y se destruye para encontrar en la imagen, un oleaje que habrá de empezar, siglo arriba del tiempo, tanta lejanía?

Todo está desierto como una línea que marca el mar y el polo. La muerte se abre en el azar de un dado que cae e inicia el origen. Nadie envejece más que una isla, cuando se adentra en los arrecifes y continúa despierta en aquel faro que vela inmóvil mi anatema.   

         

22, 9, 2019