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Canasta

Canasta


      —Eh… disculpen, hola —llamó, levantando la mano de forma amistosa al interrumpir la partida—. Perdón que los moleste, pero vengo a buscar a mi madre, ¿Juanita? Me dijeron que la encontraría jugando canasta con Salinas en el infierno.
      —¿Carlos? —preguntó el de los Cielos.
      —No, Carmen. Es que son comadritas.