My Stories

Mi Amelia

Siempre fue Tata


Por primera vez he visto un cadáver, tengo catorce años y no recuerdo haber tenido una experiencia como esta. Estoy parada frente al ataúd y comienzan a brotarme las lágrimas; ya es un llanto incontenible. Mi mamá intenta calmarme, pero es imposible no pensar en lo injusta que es la vida.

Su nombre era Amelia, para mí siempre fue Tata. Recuerdo, cuando salía de la escuela iba a visitarla, me tenía preparado un pan con azúcar blanca y una taza de café.

Pero ahora, está allí, pálida y rígida; no se parece a ella. Trato de ser fuerte pero es demasiado dolor; no entiendo al maldito destino.

Mi cuerpo se paraliza repentinamente, comienzo a darme cuenta de que no la volveré a ver. Corro y abrazo la caja. Quiero estar junto a ella.

Son las tres de la tarde y estoy en el cementerio. De nuevo a llorar. Abuela me toma en sus brazos con fuerza. Ella también llora.

Cierro los ojos, trato de pensar en la última vez que la vi, pero no lo recuerdo.

Ya no soy la misma, ahora comprendo que yo también, temo a la muerte.