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Sin Distinciones

Parte sin título


Desolación, era lo que se veía encarnado en las calles de Thinderbal, por doquier llantos, caminares presurosos, tensión, caras desencajadas por las largas noches de vigilias, en esos terribles días no había distinción de clases, todos los estratos sufrieron las penurias que trajo consigo la epidemia. Los entendidos no saben cómo pudo haber llegado a la ciudad, dedicaron su tiempo de forma incansable buscando una cura, pero más porfiada era ella, pues con los días iba avanzando de manera avasallante, muchos pensaron que era el final de todo, para todos. La nombraron “Quebrantadora” ya que los desdichados que la sufrieron, terminaban con sus órganos destruidos. Comenzaba con fiebres, a las pocas horas su huésped se veía debilitado de tal manera que caía en cama, la convalecencia duraba quince días en algunos, y unos pocos días más en otros. La angustia también hizo acto de presencia en el Palacio Real, la reina Dana llevaba siete días en cama, el rey Atreo estaba desesperado, su florecilla, su jazmín, se marchitaba y todo el cuidado que le prestaba no evitaba su marchitar, ver como se le desvanecía la vida, le compungía el corazón, dolor por ella, ante su cruel agonía, dolor por el pequeño, privado probablemente del cariño y cuidado de su madre, dolor por sí mismo, separado de su amor.