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De visita en el más allá

De hombres, mujeres, dioses y demonios


Creo que acabo de fallecer. De ser como creo, ahora me explico por qué nadie regresa del superpoblado país de los difuntos: qué luz dorada, qué ingravidez, qué ilimitada paz, qué…

«No estás en la lista, hermano».

Melodiosa la voz de un hombre de largas barbas cenicientas y túnica refulgente con unas llaves grandes, viejas, en una mano y un ajado pergamino en la otra. Tiene que ser…

«Simón Pedro soy, sí».

«¿Puedo saber por qué no estoy en la lista? No es que haya mejorado el mundo con mi existencia, eso no, qué va, pero malo, malo, lo que se dice malo, malo, no he sido. Y mucho he matado, tampoco lo negaré, pero he matado bien, eso decían hasta mis seres menos queridos. Vuelve a mirar, por favor».

«No necesito hacerlo. En realidad, no hay nadie hoy en ella, míralo tú mismo».

Ya no me explico por qué nadie regresa de la nación de los fenecidos: luz de fuego ahora, cuerpo pesado, paz de guerra, dolor de…

«¡A mis brazos, alma mía!».

Tiene que ser…

«El diablo en persona soy, sí».

«Qué feo eres, demonios».

Se transmutó de inmediato el mismísimo octavo pasajero, el alien de Ridley Scott.

«¿Te gusto más ahora?».

«¡Irina!».

La hermosa Irina, el arcoíris en sus ojos, ese coqueto fumar de cigarrillos rusos, esa sonrisa de ángel humano, esa poca ropa que siempre viste pese al frío tan falso como verdadero que siente desde niña, desde el desastre nuclear de Chernóbil…

«¡A mis brazos, mujer!».

Aquí me quedaría yo con ella, con Irina, con mi secretaria, de no ser porque hace frío de verdad, un frío de tres pares de… ¿Frío? ¿No deberíamos estar siquiera a más de cuarenta grados a la sombra?

«Nos quedamos sin combustible, alma mía».

«Vaya por Dios».

«Precisamente de Dios es la culpa de que estas calderas no funcionen según lo prometido. Falta de presupuesto o algo así».

«Como para creer en sus promesas».

«Eso digo yo».

—Ya vuelve a latir su corazón.

—Tipo duro este retaco.

—El desfibrilador, que obra milagros. En el más allá estaría de no ser por los electrones.

—El electrón es una partícula subatómica con una carga eléctrica elemental negativa…

—¿Qué dice?

—Fue profesor de física y química, solo recita lo que enseñaba.

—Ah.