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Amanecer

Amanecer.


Despierto de nuevo. Allí estás  como de costumbre, como cada mañana. Sabes que eso me desespera, que no soporto tu presencia en este instante tan difícil para mí en que tengo que abandonar las sábanas calientes para enfrentarme al duro día. Me presionas  tanto que no aguanto más y solo grito:

-          ¡Ay, Pedro, qué manía de dejarme la ventana abierta; de nuevo el sol me dio el de pie!