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Por siempre

Parte sin título


 


     Jacinto no quería admitir que el tiempo ya había pasado. Tantos años y jamás se atrevió a decirle a Julia que la amaba; ellos siempre fueron amigos desde la primaria y hasta ahí quedó la relación. Ella se casó como era de suponerse y él continuaba solitario y queriéndola en silencio. 

Hasta que un día se armó de valor y compró un ramo de rosas y decidió llevárselas. 

—¿A dónde vas, Jacinto? —le preguntó un vecino, sonriendo. 

—Voy a ver a un pariente que está enfermo —dudó, escondiendo las flores—. Ya tiene una semana internado en el hospital. 

—Suerte, amigo. Ojalá que se alivie pronto. 

Jacinto apuró el paso y subió a un taxi. Él no quería que lo vieran con las flores en la mano, pues pensó que se miraba ridículo. Ya tenía casi ochenta años y sentía vergüenza. 

"No hay problema", se animó. "Su esposo murió hace dos años. Ambos somos libres ahora y tenemos derecho". 

Jacinto llegó hasta la morada de Julia y aclarándose la garganta, dijo:

—Hola, ¿cómo estás? Me quité la barba y corté mi cabello. También me puse un traje nuevo para verte y me puse perfume. ¿Cómo me veo? Perdón que hable tanto, es que estoy nervioso. 

Jacinto se limpió el sudor de la frente con un pañuelo y siguió:

—¡Ufff! ¡Hace tanto calor! El clima se pone loco con el transcurso del tiempo. Dicen que es por el cambio climático… No sé. ¡Qué locuras digo! ¡Disculpa! Si he venido hasta este lugar es para decirte que te amo, lo siento si soy directo, pero debía soltarlo o iba a enloquecer. Siempre te he soñado. Nunca pude decirlo por temor a tu rechazo. Pero es suficiente. ¡Te quiero! 

Jacinto se quitó el saco y se sentó. Sus axilas estaban húmedas y sus labios secos. 

—Quisiera venir a verte los fines de semana. ¿Qué dices? Con eso me conformo, sólo con platicar. 

Jacinto lloró desconsoladamente y dejó las flores encima de la tumba de Julia. 

—Disculpa, Julia, hoy no me siento bien. Quizá son los años que me han pegado duro.

Jacinto se puso de pie, se colocó el saco que le quedaba holgado y limpió sus lágrimas. 

—Siempre te quise, que no te quede duda. ¡Nos vemos hasta que la muerte nos reúna, Julia!