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Sobreviviendo al virus

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 Cuando cerraron los aeropuertos, las universidades, y miles de fábricas; supe que Yansiel tenía razón. No recordaba en mis 32 años situación alguna que hubiera obligado a suspender el transporte aéreo, esa es una medida seria. Entonces tomé mi arco, mi casa de campañas, radio, linternas, pilas; toda la comida seca que encontré, y me fui a vivir a una cordillera boscosa a las afueras de Montreal.

 Hacía un año que mi amigo se había vuelto loco, recuerdo que comenzó a juntarse con un grupo de conspiranóicos que conoció por Facebook, meses después lo vi obsesionado con la lectura según él, del libro más importante que había encontrado en su vida “La Magia del Poder Psicotronico”

 En la sala de su casa me mostró una malanga de agua que conservaba en un pomo de boca ancha. —Estoy practicando secar esa malanga con la mirada. —dijo con ojos vacíos. Yo entendí que antes que la malanga se iba a secar su cerebro, y a partir de ese momento tomé distancia. Sin embargo, estos días de desesperación han hecho que recuerde una de nuestras últimas conversaciones por chat.

 Tal vez sintiendo mi indiferencia, trató de advertirme de esta forma: Asnie (Nombre de cariño con el que suele llamarme) me gustaría que abandonaras Canadá y regresaras a Cuba conmigo, pero al ser esto imposible, quiero dejarte estas recomendaciones; no las ignores:

  Refuerza tu casa, compra algún arma, mucha comida seca y agua; también pilas y algún tipo de calentador que use gas u otro combustible que se pueda almacenar.

 Este primer mensaje lo recibí un viernes por la tarde, mientras regresaba de mi trabajo en “Ciusine Crotone” una fábrica ensambladora de muebles de cocina, perteneciente a una familia de italianos que habían emigrado a Montreal desde la ciudad de Crotone, Italia. Crotone es la capital de la provincia de Crotone, en la costa oriental de Calabria, frente al Mar Jónico; en la zona llamada Golfo de Tarento.

 Me sorprendió mucho el mensaje, y respondí casi instantáneamente:

—¿Qué pasa? ¿Sucedió algo en el edificio?

Yansiel vivía en el mismo bloque de apartamentos que yo, y el hecho de que mi mujer estaba en ese momento sola en casa me preocupó bastante. Entonces el continuó:

  Una pandemia atacará la humanidad, dirán que escapó de algún laboratorio o que mutó de algún otro virus menos ofensivo; pero la realidad es que lo habrá lanzado la élite. Comenzarán a morir miles de personas, el virus se extenderá por los continentes sin que se le pueda detener; la prensa continuamente tratará de dar noticias alentadoras, pero ese es el momento en que deberás poner mayor atención.

  Yo sentía bastante lástima mientras leía aquel segundo texto, estaba pensando que como era su único amigo acá, me tocaría decirle a la madre que se había vuelto loco, preguntándome además que harían con un enfermo extranjero y sin familia. ¿Lo deportarían, o lo internarían eternamente en una clínica?

El teléfono vibró repetidas veces indicando otros mensajes habían sido recibidos.

  La comida escaseará, continuó diciendo. La gente entrará en pánico y comenzarán a asaltar las casas de sus vecinos, miles de personas forzarán las fronteras y habrá fuertes enfrentamientos con el ejército y la policía. En ese momento y con mucha pena, bloquee su número, y hasta ahora no he sabido nada de él.

  Hoy hace un año de esos mensajes, y dos meses que vivo en el bosque, aislado del mundo. Mi celular dejó de funcionar y mi familia no sabe de mí, los escasos aviones que cruzaban el cielo en la noche ya no se ven. Tampoco los faros de los autos, yo solía verlos de noche moviéndose de prisa por la avenida, pero en estos días solo se ven cada alguna hora las luces de alguna patrulla o ambulancia. La radio también ha dejado de transmitir.

 Anoche sentí un ruido cerca de la cabaña, pensado que fuera un oso o un Carcayú, disparé mi arco al brillo de sus ojos. Cual sería mi sorpresa está mañana al descubrir entre las hierbas mojadas a un indigente muerto. Abundantes flemas cubrían su boca y nariz, sus labios estaban agrietados y presentaban formaciones cristalinas en los bordes exteriores; faltaba carne en algunas partes de sus brazos y cachetes. Toqué uno de sus pies y todavía estaba caliente, parece que agonizó durante la noche y murió en la madrugada; me hubiera gustado preguntarle que está sucediendo en la ciudad.

 Le di santa sepultura y ahora estoy recogiendo mi tienda para internarme más profundo en el bosque, este lugar parece que ya no es seguro.