My Stories

Nocturno

Parte sin título


Alicia en el sillón, él en la cama. Hoy no han puesto música, también es muy tarde, casi las doce.

- Hoy fui con Anselmo a ver a una cartomántica – cuenta ella - Muy loco todo, porque la historia es que él está con la hija de la tipa, pero la muchacha está comprometida para casarse con un canadiense y a la madre no le cuadra que ella ponga en peligro esa relación. Entonces, para despistar, Anselmo me pidió que fuera con él como su novia. Hasta me pagó la sesión y todo. Qué horror, sus brazos peludos acariciándome, diciéndonos, chini, chino, y total, cuando la tipa se puso a leerme las cartas, Anselmo no salió por ningún lado. La tipa me retrató, hasta describió con pelos y señales la esposa de mi padre, retrató a todo el mundo, a Claudio, a ti...Y eso que yo estaba escéptica. Profetizó que iba a dar muchos viajes, que estaba en la onda del papeleo, y ayer mismo Claudio me llamó para decirme que ya estaba haciendo los papeles.

- ¿Qué dijo de mí?

- Cosas malas. Que deseabas que yo estuviera sola, y que a veces me habías deseado el mal.

- La tipa lo que me parece es que es una gran psicóloga. Es verdad que te deseo sola, claro, pero no creo que nunca te haya deseado el mal.

- Sí, pero no, me dijo cosas que no tenía por qué saberlas, como la otra cartomántica del trabajo de mi mamá, que me dijo que pronto me iba a casar con un viejo y yo pensaba que sería contigo pero después resultó que era Claudio.

- Eso es psicología, te repito. A ver, ¿De qué manera ibas vestida? Seguro le dicen más o menos lo mismo a todas las que le parecen jineteras.

- No, fui con el pitusa ese guarapeteado celeste, y una blusita, ¿Estás diciendo que soy una jinetera?

- No, pero sí que te vistes como una de esas muchachitas que desean escuchar que se van a casar con un extranjero y van a viajar mucho.

- No, yo no te he contado todo, había cosas que no se sacaban con psicología.

- Lo que creo es que te estás dejando manipular, igual que con la astrología.

- No, yo no me dejo manipular por nadie. Te cuento otra cosa: Antes de tirarme las cartas, llegó otra mujer pero la cartomántica le dijo que era muy tarde, y que ya me iba a consultar a mí, que volviera otro día, y luego que esta mujer se fue, me contó su historia. Resulta que ella tenía  un novio cubano y luego se casó con un millonario ecuatoriano, que era dueño de un hotel y todo, y entonces ella se fue pero siguieron amándose, y ella le mandaba dinero, y era bastante dinero, fíjate que hasta pudo comprarle una harley davidson al hijo de él y todo. Pues resulta que la mujer un buen día le dijo que regresaba, dejó al millonario y volvió para estar con él, pero entonces el cubano le dijo que ya no la amaba, que estaba enamorado de una dominicana que era dueña de una boutique, y por eso no pensaba seguir la relación con ella y la tipa se quedó embarcada, y no sabía qué hacer, estaba destruida, por eso iba a ver a la cartomántica a cada rato. ¿Qué opinas?

- Que ella se lo merecía, pero también que el tipo es un gran comemierda y la solución era muy fácil. Volver con el millonario ecuatoriano y mandar a la mierda al otro.  Podían haber seguido de amantes sin ningún problema. Sencillamente el tipo no la amaba y la estaba utilizando.

- Por eso es que yo digo que el amor no existe y uno tiene que ser pragmático, lo que importa es el dinero y lo demás es un fantasma. Uno no puede engañarse de esa manera.

- Oye, creo que me voy.

- ¿Te pusiste bravo?

- No, es que sencillamente hoy estás con tu personalidad pragmática y no me cuadra ese personaje.

- No chico, no te pongas bravo, no te vayas.

-No, si te digo que no estoy bravo, solo que algunos días siento que eres muy feliz, muy pragmática y no me necesitas, ¿entiendes? y yo soy como un ángel, Si no me necesitas me desaparezco.

- Tú fuiste el que sacaste el pragmatismo en la conversación. Dale, vamos a acostarnos, a ponernos cómodos, quítate los zapatos y el pantalón, me voy a desnudar. Espérate, déjame quitar la sobrecama, dale ven, acuéstate a mi lado. No te pongas bravo. Abrázame. Vamos a hacer como el primer día, ¿te acuerdas? Vamos a estar un rato así, desnudos y abrazados pero sin follar, ¿quieres?

- Sí.

- Tampoco te puedes quedar hasta mañana.

- Lo sé.

Ella apaga la luz y se va frente al closet. Se saca el vestido por la cabeza y le ofrece una visión de sus senos en penumbras y el triángulo blanco de su ropa interior. El se descalza, luego se quita el pulóver y el pantalón y se queda en calzoncillos.

- Tus medias huelen. Ponlas bien lejos, y los zapatos también.

El se ruboriza, un poco acomplejado. “Qué manera de sacar faltas”, piensa y luego intenta justificarse.

- Sí, es que lavé hoy. A lo mejor es que se quedaron húmedas.

Los tenis van a parar bajo la cama, al fondo. Ella le lanza una colcha y él la abre para los dos. Ella viene y se acuesta a su lado.

- Arrópame.

Él obedece y luego la abraza, le da un beso en la frente. Se quedan un rato callados.

- Oye, ¿por qué no me das un masaje?

El recuerda que hace unas semanas ella le contaba sobre los masajes que le daba un amante ocasional, sustituto, astrólogo, fanático del Sazen y comemierda, por más señas, y se siente incómodo. No contesta.

- ¿Sigues bravo? ¿No quieres darme un masaje?

- A veces me da la impresión de que me utilizas. – Apenas lo dice se arrepiente. “Que dormidera”, se recrimina mentalmente.

- Sabes que eso no es verdad.

- Sí. Lo sé.

- Dale, dame un masaje.

- Está bien.

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- ¿Te dormiste ?

- No. Es muy rico.

- ¿Quieres que siga?

- Ese no, no me gusta, hazme lo que estabas haciendo antes, la “mariposita coja”

- ¿Así?

- Sí. Ahora las piernas.

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- Que rico Alicia, como extrañé tu cuerpo.

- Vas a tener que ponerte un preservativo.

- No hay problema. Me lo voy a poner, no te preocupes.

- Entiende, sería terrible que saliera embarazada ahora que me voy a casar con Claudio.

- Ja, ja, y se descubriría enseguida, porque él y yo no nos parecemos en nada.

- Es verdad. Pero aparte, nosotros vamos a ir a hacernos la prueba del SIDA, porque a él no le gusta usarlo. Fíjate si me cuida que a pesar de tenerlo puesto, cuando se va a venir la saca y termina afuera.

- A mi no me molesta el preservativo. ¿Me lo pongo ahora?

- No, después. ¿Y te lo has puesto con tus novias?

- Yo no me he acostado con nadie, solo contigo. Sigo tan sanito como cuando me conociste.

- No te creo.

- Ali, te prometo que cuando esté con otra te lo voy a decir. Al fin y al cabo no pierdo nada con decírtelo.

- Es cierto. Dale ven, abrázame.

- Ay, coño, que delicia todo. Me encantan tus nalguitas.

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-Yo creo que todavía estoy conectado contigo, aparte de por lo que ya sabes, porque tienes el coñito más maravilloso del universo. Espera, espera. Un momento. Voy a salir, me voy a poner el preservativo.

- No, no importa, dale, sigue.

- No, chica, me lo voy a poner.

- Es que se te va a bajar.

- No me se me va a bajar nada, no me intentes así. ¿Dónde estarán? Ah, ya sé, en la mochila. Esto es rápido. ¿Ves? Sigue igualita que antes.

- Ven, dale. Métemela.

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- Que silenciosa estuviste ¿Te gustó?

- Sí.

- Yo lo disfruté muchísimo. De todas formas me reprimí un poco porque no teníamos música puesta. Nos iban a oír.

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- ¿Y después de casarte, seguirías siendo mi amante?

- Sí. Metería algún cuento y me escaparía a tu casa a verte. ¿Te gusta la idea?

- Claro.

- ¿Qué pensará tu familia?

- Me importa un carajo lo que piense o deje de pensar.

- ¿Y tú? ¿serías  mi amante aunque tuvieras otra novia?

- Seguro.

- Pero fíjate, esto de nosotros tiene que ser secreto, ¿entiendes? Nadie, absolutamente nadie, debe enterarse.

- Nadie lo va a saber, te lo aseguro.

- Es que yo no sé si puedo confiar en ti. Recuerda que nos separamos por eso, porque te pedí que no dijeras algo y fallaste; eso me acabó de decepcionar. Tú eres muy chismoso.

- Sí, tienes razón, pero la otra vez que estuvimos juntos, antes de que Claudio viniera, nunca nadie se enteró. A mí tampoco me conviene. Aparte, me gusta mucho esta onda de amantes secretos. ¿Cuándo viene él?

- En Mayo ¿Que ironía, no? Tú eras mi novio y Marco mi amante, y ahora va a ser al revés. Todo es absurdo, todo es muy loco.

- Decía alguien que hay que ser absurdo para vivir en este mundo absurdo.

- Sí. Eso es de Cortázar, creo.

- ¿Qué hora será? Deben ser como las tres de la mañana. Déjame ver. Exacto. Las tres y cuarto. Mierda, no tengo ganas de irme.

La abraza, luego se levanta, busca en el suelo sus ropas. Se siente feliz. Mientras se  mete en los pantalones, le dice “Un streptease al revés” y ella sonríe. Luego pasa trabajo en encontrar los tenis a oscuras. Se calza.

- Voy al baño.

Orina. Se alisa un poco el pelo y se echa agua en el rostro. Luego coge un poco de pasta dental y se enjuaga. Regresa. Vuelve a besarla.

- ¿Tú me amas? – pregunta ella.

-Yes. I love you, Ia Liubliú, A negdley yi.

- No chico, en serio, ¿me amas?

- Claro, si no, no estuviera aquí contigo. ¿Y tú? ¿Me amas?

- Sí.

Él acerca la boca en su oído, le susurra “Sí, te amo infinito, en todas las reencarnaciones” , luego se levanta y se cuelga la mochila en el hombro.

- Llámame – pide ella.- Tenemos que aprovechar todo el tiempo.

- Hasta mayo. Cuando venga Claudio.

- Sí.