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ABANDONO

ABANDONO


Dedicado a los niños héroes  de vida solitaria.

Aquella niña de mi salón nunca salió de mi cabeza y, fíjense bien, no porque me gustara realmente, pues no era mi prototipo de chica; era más bien bajita, de figura bien pensada, anchas caderas y talle prodigioso, como diosa indígena en espera de su tributo, con bustos demasiado pequeños, cual extensa llanura con alguna que otra elevación; su cara, redonda, pero con dos bellas luciérnagas adornando aquellos cachetones y unos labios carnosos que de vez en cuando dejaban asomar sus perlados dientes. Lo que sí llamaba mi atención era el riachuelo negro que fluía de su cabellera, lleno de ondas, con un brillo digno de admirar. Se preguntarán cuál era su nombre, pues no lo recuerdo, jamás  les mentí cuando dije en un inicio que  esa chica nunca me interesó en lo más mínimo, a pesar de que marcó mi vida de adolescente para siempre.

Así era ella por fuera, aunque me falta añadir que siempre aparecía en la escuela con su ropilla de niña pobre, pantaloncitos muy desgastados, guaraches de los más simples que puedan existir y camisitas con zurcidos  hechos a mano  por donde quiera.

Las chicas de mi salón se aprovechaban de su inocencia y se la pasaban molestándola, diciéndole groserías, como si la pequeña fuera la culpable de su situación.

A ella realmente no le importaba para nada que todos la rechazaran, pues siempre se encontraba en otra dimensión; muestra de ello era que sus calificaciones estaban entre las mejores de toda la escuela.

Para rematar, la protagonista de mi historia, cuyo nombre reitero no recuerdo, se la pasaba pidiéndoles a los alumnos de semestres más avanzados, sus libros; según supuse, no tenía recursos para comprarlos y sus vacaciones las pasaba borrando lo que otros habían escrito durante todo un ciclo.

Me daba mucha compasión esta niña de solo 13 años, quien, desde muy temprano observaba llegar a la escuela con sus tres hermanitos , a quienes  iba repartiendo por el kínder , el preescolar y la primaria como si la  responsable de la familia   fuera ella y luego, por la tarde, lo mismo con lo mismo ;recogía a sus hermanos y se dirigía hacia la parada  del autobús y allí se perdía de mi vista hasta la otra mañana en que la monotonía volvía a repetir las mismas acciones día a día, semana a semana , mes por mes ...

Un día, la maestra de matemáticas formó equipos de trabajo  al azar y , ¿ quién lo iba a decir?, allí estaba yo con aquella niña extraña y tres compañeros más . Trabajamos arduamente durante toda la clase. Puedo decirles que por primera vez entendía un ejercicio de aquella materia, pues ella se encargó de explicarnos, de una manera tan dulce y sencilla que cualquiera hubiese caído ante sus encantos, menos yo, claro.

Definitivamente perdimos mucho tiempo con tanta actividad y decidimos trabajar en una de las casas de los que conformábamos el equipo.  Lo hicimos  probando nuevamente nuestra suerte, seleccionando un papelito a la vez y en el que estuviera escrita la palabra TAREA, sería el “ganador”.

¿A quién creen que le tocó “prestar” su hogar para nuestro proyecto? Sé que estarán pensando que  yo discriminaba a esta niña, pero les aseguro que no, solo sentía cierta compasión y hasta pudiéramos decir que ternura por ella , hasta allí se veían afectados mis sentimientos .Pues sí, la niña había sacado el papel que decía TAREA y, como si le diera igual, se dispuso a decirnos a qué hora nos veríamos y cuál era su dirección exacta .

Esperamos, como si nos hubiésemos puesto de acuerdo previamente, a que la niña se fuera de nuestro lado y decidimos preparar una sorpresa que hiciera de  esa tarde un momento especial; yo llevaría panecillos, Jorge se encargó de los refrescos, José dijo que compraría un pastelito y Manuel confituras de todo tipo. De esa manera creíamos que  le alegraríamos la vida a la jovencita, pues ya nos imaginábamos en qué situación totalmente marginal viviría y sabe dios qué otras circunstancias de todo tipo la rodeaban.

Por fin, llegué a la colonia Tacubaya, Av. Parque Lira, donde nuestra compañera nos había dicho que vivía. Realmente nunca había estado por aquellos lares y me llamó muchísimo la atención que era una zona bastante ostentosa en verdad.

Caminé y caminé hasta que me detuve justo frente a la casa con  número 205, pero estaba casi seguro de que me había equivocado de lugar pues aquello parecía un castillo en vez de un hogar normal. ¿No sería la 105? Ya me disponía a regresar  cuando  vi que la puerta se abría y ¡sorpresa!, la niña me indicaba que me acercara y me saludaba con una hermosa sonrisa en sus labios.

Ya dentro, me extasié con  los lujos de aquella mansión, donde no había cabida para las imperfecciones, realmente. La niña me dirigió hacia una habitación que simulaba como cuarto de estudio pero que tenía todas las comodidades pensadas, incluyendo una biblioteca.

Allí estaban mis compañeros, quienes me miraban con cara tan asombrada como la mía. En una mesita pusimos lo que habíamos traído para comer juntos y nos dio mucha pena al ver la mesa de al lado, donde se veían manjares de todo tipo dispuestos como para comerlos  en un segundo.

-Muchas gracias por todo lo que trajeron, en verdad han sido muy lindos conmigo y mis disculpas pues lo que les ofrezco lo hice yo misma, ya que sé cocinar un poco. Una vez más, bienvenidos a mi casa. Mis padres no se encuentran, mis hermanos y yo pasamos mucho tiempo solos pues ellos trabajan y viajan todo el tiempo, -bajó su cabeza  mientras decía estas palabras- a veces pienso que hasta se olvidan de que tienen un hogar e hijos-reaccionó y nos miró nuevamente- Pero bueno, amigos, comamos y luego a estudiar; esta, al menos para mí, será una tarde inolvidable.

Y así fue, reímos, comimos, estudiamos hasta entrada la noche. Les puedo asegurar que estuve en aquella casa dos o tres veces más por  cuestiones de la escuela, claro, y que siempre encontré a la niña sola, con sus hermanitos, que la miraban como si fuera su mamá.

Terminada la secundaria cada quien tomó su camino. No supe más de ella, pero su imagen jamás salió de mi mente; por eso, cuando me casé y decidí tener hijos, me dispuse también a formar un hogar verdadero, donde el amor y la comprensión reinara y donde mis hijos sintieran la protección de sus padres , pues el  ejemplo de aquella niña ,que ya no necesitaba nombre para ocupar un lugar en mis recuerdos, me enseñó que la familia es el tesoro más grande y que los hijos no pidieron venir  a este mundo, así que mamá y papá tienen la obligación de acompañarlos hasta que puedan soltar sus alas y volar solos .

Ella, aquella niña héroe,  amigos , me enseñó una lección de vida que ojalá llegue a sus corazones de la misma manera  en que en su momento llegó al mío.