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La pelota de Tenis

La pelota de Tenis


Un día en mis vacaciones de verano estaba visitando la casa de mis primos. Como ya nos habíamos aburrido de jugar en el patio delantero de la casa salimos a recorrer el barrio en búsqueda de algo para distraernos.

Luego de varias cuadras se hallaba el bosque al cual no teníamos permitido el ingreso. Sin embargo nosotros con toda la curiosidad del mundo entramos.

Después de una breve caminata encontramos una cancha de futbol de esas que nos cuentan nuestros abuelos con piso de tierra y dos arcos de cada lado sin red y un poco oxidados. La escena parecía sacada de una película antigua. El lugar era, a nuestro parecer, indicado para jugar ya que era espacioso. En ese momento me alejé unos pasos de mis primos y observé ese espacio más detenidamente y me percaté de un objeto pequeño cerca del arco. Cuando me acerque me di cuenta que era una polvorienta y un poco sucia pelota de tenis. Esto me tomó de sorpresa. Lo tomé y la guardé en mi bolsillo. Me dirigí donde mis primos y no fuimos de allí. Al regresar les conté a mis primos sobre la pelota. Ellos me escucharon pero no le dieron importancia.

Pasaron los días y comenzamos a notar cosas raras en la casa que iban en aumento. Sin embargo un día esa situación empeoró. Se comenzó a sentir un viento muy fuerte inexplicable que obligaba a las ventanas a abrirse con brusquedad. A estas alturas ya todos los miembros de la casa sabían que todo aquello se había iniciado por el error mío de haber traído esa pelota. Así que me sentía con la responsabilidad de terminar con ello.

Por lo tanto, mientras que con todas mis fuerzas, a causa del viento en contra, intentaba cerrar las ventanas pude divisar en el exterior de la vivienda por unos segundos hasta que desapareció la silueta de una persona masculina y muy mayor con una mirada fija, seria  y muy fuerte. No fue una imagen muy clara pero logro asustarme. Fue en ese mismo instante que se comenzaron a oír ruidos de objetos rompiéndose en el patio de atrás. Ya sospechaba a que me estaba enfrentando. Por lo que con mucho miedo me aproximé a la puerta que me dirigía hacia ese patio y la abrí muy lentamente. Entonces con el brazo extendido hacía delante y sosteniendo la pelota comencé a decir: "Me disculpo por favor. No debí tomar lo que no es mío. Le pido que me perdone, le devuelvo su pelota". Al terminar de hablar, inmediatamente cesaron de lanzarse los objetos. En frente de mis ojos apareció el mismo hombre que antes había visto pero esta vez con una mira más calmada y relajada. En esta ocasión ya no me dio miedo sino que transmitió tranquilidad. Fue entonces que me contó que ese era el único objeto que tenía de su infancia y se lo había regalado su padre. Esa pelota le recordaba a su querido padre y a sus días con él jugando en el lugar que yo la había encontrado, por dicha razón se encontraba allí y que cuando me lo llevé se enojó mucho. Pero ahora que me disculpe ya no estaba molesto y lo único que quería era que se la regrese a aquel lugar. Yo le afirme que eso haría. Me sonrió y se desvaneció en el aire.

Esa misma tarde me dirigí al lugar antes visitado coloqué la pelota cerca del arco donde la había hallado en primer lugar y junto a ésta le prendí una vela en respeto al dueño de dicho objeto. Observe la vela unos segundo me di la vuelta y regrese por donde vine pero antes de salir de allí me giré una última vez y pude ver al señor de antes saludándome y sonriendo. Lo salude, le dije adiós en voz alta y me fui de allí.

Shamira Lauliet.