Puto Marco

PUTO MARCO

 

        Mario abrió por primera vez aquel libro cuando apenas era un niño. Ahora con 36 años encuentra sus páginas algo amarillas, sus ilustraciones le resultan menos impresionantes y la historia ha perdido su capacidad de sobrecogerle.

—¿Has acabado? — la voz es fría y denota una impaciencia que a él le saca de sus casillas.

—Sí, tranquila — dice devolviendo el libro a la estantería —. Pronto me habrás perdido de vista.

—Marcharse. Me pones enferma. 

         Igual que tú a mí , piensa Mario. Luego, en cambio, dice:

—Todo te pone enferma. Perdóname si no me siento especial por ello. 

—¿Te crees muy gracioso? Si te oyera tu padre. 

—Probablemente me aplaudiría— dice para sí mismo. 

—¡Repite eso si tienes valor! — le increpa ella al límite de la histeria. 

         Mario no le contesta, no le da ese gusto. Con su maleta en la mano tiene que pasar al lado de aquella mujer, a la que hace años siente como una desconocida, para abandonar la casa donde ha crecido. Mientras avanza, trata de recordar algún momento de felicidad compartido entre ambos. Pero ya es tarde, la amargura con la que esa mujer lo emponzoña todo ha borrado cualquier rastro de dichos momentos, si es que existieron. 

         Cuando está pasando a su lado y sus cuerpos casi se tocan, un escalofrío recorre a Mario de pies a cabeza, ¿una premonición? 

—Jo'puta—el huesudo puño se hunde en el plexo solar de Mario. 

         La maleta hace un ruido tremendo cuando este la suelta para llevarse las manos al torso. Boquea angustiado tratando de coger aire mientras se dobla sobre sí mismo y cae de rodillas al suelo. 

         Aquel libro y el día en que lo abrió por primera vez vuelven a su mente. El título: "De los Apeninos a los Andes". 

—Puto Marco—consigue articular él antes de perder la conciencia. 

©Lou Wild Morrison. 

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Olgacomentó hace 3 años

Me gustó mucho
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Alejo Aldocomentó hace 3 años

Buen texto. Felicidades.
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