Postal desde Berlín

Postal desde Berlín

A Fanny Duelli

Me fui con la alemana para el baño.

No quiso que nos besáramos, lo que quería era que me la templara ahí mismo.

Desde el principio yo sabía que estaba bien loca.

Prácticamente me arrancó la camisa.

—Warte, bitte.[1]

—Nein.[2]

No sé qué coño hacía diciéndole a una mujer que se esperara, y más si era linda y loca.

La alemana me penetraba con sus ojos azules y yo, de imbécil, quería conversar.

Mi alemán es una mierda. Lamenté no haberme comido los cursos de idioma.

Debía importarme un carajo conversar. Solo me hubiera interesado ver sus tetas. Pero no, con su lengua en mi garganta quería que me hablara de Berlín para creerme yo un alemán rubio y obeso, para creerla a ella una puta.

—Zeig mir deine Titten.[3]

Chupó mis tetillas, con su lengua friccionaba mis piercings. Se sentía bien.

Su lengua en mi ombligo. Sus manos en la portañuela de mi pantalón mientras yo formulaba preguntas sobre Berlín.

Las tetas berlinesas son blancas y firmes, con el pezón rosa pálido.

Ella me convidó a que pasara mi lengua por sus pezones.

Mi lengua recorría sus tetas. Estaba erizada.

—So —chillaba—. So.[4]

Yo me detuve.

—Mehr! —gritó—. Mehr, bitte![5]

Imaginé a toda la gente fuera del baño haciendo fila para entrar.

Bajó mi pantalón. A la luz quedó el tatuaje. Ella lo miró

por un momento. Parecía encantada.

—Schön —dijo—, so schön.[6]

Quise saber qué me vio, por qué era yo quien tenía los pantalones hasta las rodillas y no otro.

—Warum? [7] —le pregunté.

Ella no se inmutó; no parecía importarle más que tragarse mi pene y devolverlo, para volverlo a engullir dentro de sus labios que se me antojaron los de una profesional.

—Warum ich?[8] —insistí.

Ella levantó la cabeza. Sus ojos volvieron a penetrarme.

—Con la boca llena no se habla —dijo, en español casi perfecto.

Su lengua acariciaba mi glande, pero la gente se amontonaba afuera. Algunos preguntaban quién era el imbécil que se había trancado en el baño. Los oía quejarse como si estuvieran a mi lado.

Y la alemana que no paraba de gemir. Casi gritaba con mi pene entre sus tetas. Pensé que era un sacrilegio manchar tanta blancura.

Ella me pidió que le dijera perra, puta. Que le azotara las nalgas y la abofeteara.

Volví a lamentar mi poco alemán.

—Bitch[9] —improvisé en inglés.

—Bestrafe mich[10] —volvió a pedir.

Puso la cara y le di unas bofetadas.

—Gib’s mir härter![11] —gritaba mientras yo, de imbécil, intentaba preguntarle sobre un museo importante que había visto en la televisión.

Alguien golpeó la puerta con insistencia.

—¡Déjenme entrar! —pidió—. ¡Necesito utilizar el baño urgentemente!

Imaginé el orine haciendo presión por salir. Sentí pena.

—Vístete —le dije a la alemana mientras me arreglaba la ropa.

De mala gana se vistió.

Abrí la puerta. Afuera me esperaba una multitud.

Ella volvió a clavarme sus ojos azules y se alejó.

Bajo la pluma me enjuagué las manos, la cara.

Un amigo se acercó para decirme que la alemana se había empatado con alguien más.

—Ni quiero saber —le dije.

Cansado salgo a la calle. Me imagino en Berlín, con una cerveza negra bien fría.

Busco las gafas. El sol es demasiado fuerte.

[1] Espera, por favor.
[2] No.
[3] Muéstrame las tetas.
[4] Así. Así.
[5] Más. Más, por favor.
[6] Lindo, muy lindo.
[7] ¿Por qué?
[8] ¿Por qué yo?
[9] Perra.
[10] Castígame.
[11] Dame más duro.

Escribir comentario
/ 400

Raed Rcomentó hace 2 años

Me gustó mucho.
Escribir comentario
/ 400

Alba Belbacomentó hace 2 años

Recrea bien ese ambiente decadente. Berlin ist toll pero una puta locura.
Escribir comentario
/ 400

Marlene E.comentó hace 2 años

Ya lo conozco, muy bien
Escribir comentario
/ 400

Más comentarios