Reptil de sangre caliente

La veo cuando se levanta, hasta que se mete en su cama. Observo como se desviste por las noches. Eso si que me gusta, porque se que llega su momento de jugar. Lamentablemente, no puedo hacer más que observarla tras estas paredes de cristal que contienen mi pasión.
Luego de quitarse las ropas, todo menos sus bragas, se recuesta sobre el colchón. Me pego al vidrio, no puedo evitarlo. Se cubre con la sábana, solo hasta la cintura. Siempre deja sus pechos al descubierto. Cuando sus manos se pierden bajo la tela, es cuando comienzo que ponerme tenso.
La veo excitarse, aunque hace un tiempo, ya no disfruta de la misma manera. La noto insaciable.
La escucho gemir y mis escamas se erizan, si es que eso puede suceder. Me gusta pensar que si.
Mi cuerpo gira golpeando contra el vidrio, como si estuviera bajo las sábanas con ella.
La ardilla que a menudo me visita, desde la ventana, me dice que deje de soñar, que somos dos especies diferentes. ¿Acaso el amor, la pasión, el erotismo entienden de especies?
Los gemidos se detienen y su cuerpo se queda quieto. Esto es algo fuera de lo habitual.
¿Qué le sucede? Quiero continuar viéndola, escuchándola ¿Me está mirando?
Si, me mira fijamente aún recostada en su cama. Lejos de incomodarme, logra excitarme mucho más.
Se está levantando, viene hacia mí. En su camino se deshace de sus prejuicios. Acaricia mi fría piel y deliro de placer. Me toma en sus manos. No puedo creerlo.
Ahora soy yo quien se pierde bajo las sábanas, entre sus piernas.
Amiga ardilla... que equivocada estabas.

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LUIScomentó hace 2 años

Me causó mucha gracia el pensar en las escamas erizadas. Un fizgón complacido. Buen relato. Un saludo.
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Ismaelcomentó hace 2 años

Muy bueno.
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