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En un bar terminaron reunidos ellos tres. El dueño bajó la persiana y cerró la puerta cuando ordenaron la cuarentena sin percatarse que él y ellas estaban en el baño. Los tres habían pagado sus respectivas cuentas y habían decidido hacer la última visita antes de marchar. Pero el apuro del dueño les ganó.

Él salió primero para encontrar el salón oscuro. Se chocó con una silla y cayó al suelo. Apenas se filtraba un hilo de luz por la cortina metálica. Buscó su celular y prendió la linterna. Buscó en la cocina las luces cuando ellas salieron juntas del baño de mujeres. Vieron todo oscuro y una luz de linterna en la cocina.

Hola dijo una. Hola respondió él desde la cocina. Qué pasó preguntó la otra. Nos dejaron encerrados aquí, estoy buscando la caja de luz, respondió él. Ellas buscaron sus teléfonos y fueron a la cocina a ayudarle. Cuando la encontraron, levantaron todas las llaves. El local se iluminó y las heladeras comenzaron a funcionar. Se han llevado todo, dijo una. Sí, no han dejado ni un pan viejo, dijo la otra. Yo no tengo señal de celular, dijo él. Ni wifi, dijo la otra. ¿Se darán cuenta que nos dejaron aquí? preguntó una. No lo sé respondió él.

Una empezó a llorar. La otra la abrazó. Él trató de ver si podía encontrar el mecanismo para levantar la persiana.

Todo fue en vano.

Ocho semanas más tarde los encontraron en la cámara frigorífica del bar. Habían subido la potencia al máximo y se encerraron en ella para morir más rápido. Murieron unidos en un abrazo, sin saber cómo se llamaba cada uno.

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Abelcomentó hace 2 años

Qué fuerte!! Qué bien.
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Carloscomentó hace 2 años

Excelente.
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