Capítulo 1: Castiel, último ángel caído

 

Mi mente se mantiene en trance, en un gran y espacioso vacío negro. Estoy sufriendo la misma pesadilla que ayer, que antes de ayer... que hace unos años, inclusive. No puedo salir de ella, porque los dolorosos recuerdos y la lucha con mi pasado no me lo permiten. Siempre veo las mismas caras, las mismas historias, las mismas muertes... y siento que esta vez no será distinto.


—Necesito que hagas una última cosa por mí. Sé que te he pedido mucho, y te lo agradezco, pero quiero que mi ida de este mundo sea honorable. Las culturas, las comidas, las mujeres que me presentaste... —Ríe mientras lo dice—, fue un privilegio poder vivir mis últimos años de vida contigo, comprendiendo la vida humana. Pero no puedo dejar atrás todo esto sin antes asegurarme de que el mundo no peligre nunca más. Aquel demonio hizo un gran trabajo, ¿lo recuerdas? Pero eso no es suficiente para acabar con la amenaza latente, porque nunca va a acabar. Y por eso, tengo que confiarte lo poco que queda de mis poderes. ¿Podrás hacerlo, Noir?


En realidad, nunca tuve opción de elegir. Desde el momento en que nací, estuve destinado a ser perseguido por el peligro y la muerte, este compromiso no hizo más que aumentar las armas en mi contra. Las últimas palabras que Castiel me dijo antes de morir fueron más una declaración de condena que una dulce despedida. Mi gran y único amigo en su tiempo... Sí, conoció a muchas otras personas a lo largo de los milenios, pero nunca había encontrado a algún humano que le agradara. Y cuando llegué yo ya era muy tarde, aquel demonio había borrado la inmortalidad de todas las deidades antes de sacrificarse, por lo que a Castiel no le quedaba mucho tiempo de vida. Ya hace seis años de eso, y aún algo en mi cabeza sigue diciéndome que no hice lo suficiente por él...


¿Que quién soy yo? A estas alturas, debería saberlo con claridad, pero no puedo decir que sea así. Mi nombre es Noir Dayfall, y nací con un extraño poder que me ha hecho la vida muy difícil. Hoy en día lo único que hago es tratar de que esta pesadilla sea más llevadera, al lado de todos mis amigos. Castiel me concedió una de las legendarias Gracias para proteger al mundo y limpiar toda la basura que los antiguos héroes no pudieron limpiar. Pero, aún siendo un héroe, me siento vacío... ¿Eso está bien?


18 de octubre de 1652, 

catorce años después de la última guerra demoníaca.


El bullicio del exterior se cuela por mis finas paredes, dejando oír una orquesta de lo más molesta de caballos, vendedores, matones y toda la mala hierba que cosechan los barrios bajos. Yo despierto un día más aquí, en la misma cama y con el mismo deber que cumplir. Mi rutina siempre consta de los mismos trayectos largos y pesados, lo que causa que llegue exhausto al final del día. ¿Pero qué puedo hacer? Así es la vida.


—Otro día que no puedo dormir bien... ¿Qué hora es? —Observa con los ojos pesados el reloj de pared que tenía frente a él, cuyas agujas marcan exactamente el mediodía—. Son aún las doce... Espera, ¿las doce? ¡Voy a llegar tarde, maldita sea! ¡Si la cago de nuevo, me van a echar!


Empecé a vestirme con el nerviosismo haciéndome cometer errores tontos al tener que cambiarme de vestimenta. Ya que solamente contaba con unos minutos para prepararme, me puse el cepillo de dientes en la boca mientras me peinaba y me lavaba la cara. Cada segundo era vital para llegar a tiempo, por lo que salí apresurado de casa aún con el café en la mano y la tostada sin engullir.


—¡Ve con cuidado, mocoso! —Un carro tirado por caballos se cruza en su camino nada más salir de casa, casi cayendo de espaldas por el susto. El jinete mira con mala cara a Noir, para después azotar con más fiereza a los caballos y marcharse.


—Maldito sea ese viejo... No se pueden llevar carruajes por aquí. —Decide ignorarlo y correr hacia su trabajo, teniendo que saltar varias murallas y vallas de casas ajenas en una ruta más directa. La gente reaccionaba con indignación y espanto por tal conducta salvaje, que para Noir era algo ya común.


Arribaba entonces a ver la construcción en la que faenaba, una nada modesta casa noble que tendría que estar acabada y pulida para el final del mes. Todos sus compañeros ya estaban a punto para comenzar, sólo faltaba el veinteañero rebelde. Y, para más males, coincidía que el jefe también estaba presente.


Noir, después de saltar desde el tejado de otra casa y aterrizar de cara contra un pajar, se presenta ante ellos como si nada hubiera pasado. —¡Hey, chicos! ¿Qué tal va el inicio de la jornada? Una mañana refrescante y motivadora para ir con todo, ¿eh? —Su jefe, sin compartir la misma opinión, le arroja la ropa de obras, un casco y sus herramientas para ponerlo a trabajar como una mula.


—Deja tus ñoñerías para la novia, mentecato. Hay mucho trabajo por hacer, y no voy a perder un trato tan importante porque al idiota de turno no se le antoja ser puntual. ¡Así que pon tu horrible culo en esa casa y termina de mezclar el cemento! ¡Quiero al menos dos paredes terminadas para esta tarde! —Aprovechando el título de jefe que celosamente se proclamaba, se marcha de la obra sin sentirse obligado a hacer nada.


—Sí, señor... —Noir se abrocha el casco sin rechistar, pero tira la ropa de obras. Sentado en lo alto de las murallas para continuar poniendo los ladrillos, suelta una que otra queja—. El día empieza genial, los mismos sermones y las caras largas de siempre. Es por eso que deseo que llegue la noche cuanto antes. Ya comprendo, estos bastardos son los que me hacen sentirme como un desgraciado...


—¿Y por qué la noche, Noir? ¿Porque tu preciosa y exuberante Evie se presta a prepararte una deliciosa cena para combatir tus fatigas y amarguras de adolescente? Ahora que lo pienso, eso suena muy poético —dice una voz a las espaldas de Noir, oculta fuera de las obras.


—¿Qué diablos haces aquí, Wolf? ¿No te he dicho que no nos conocemos fuera del gremio? Pueden identificarnos si nos ven juntos a plena luz del día. —Noir se encontraba notablemente molesto con la visita de aquel amigo, que se había presentado en el lugar erróneo a dar una noticia fuera de lugar—. Venga, vete de aquí. Es una propiedad privada.


—Oh, mi querido amigo... No puedo hacer eso. Tengo una jugosa noticia entre mis manos. ¿No te gustaría saber de qué se trata? Podemos ganar mucho dinero, y hacer que dejes de trabajar en este ambiente tan negativo. ¡Incluso podríamos hacer que ese jefe roñoso tuyo te bese los zapatos con placer!


No me gusta por dónde va esto. Wolf ha sido un gran amigo mío desde hace dos años, el único que me sugirió a un gremio independiente del reino para que me dejaran entrar y trabajar para ellos. Pero el tipo tampoco es muy de fiar, ya que nunca sabes lo que puede estar pensando realmente. ¿Y una misión limpia donde podamos ganar mucho dinero y respeto? Es dudoso, y me trae sin cuidado.


—Vamos... sé que en el fondo quieres saberlo. —Sin importarle la presencia de los otros trabajadores, Wolf sube junto a Noir y empieza a comentar en voz alta sus planes—. Entre todas las posibilidades que hemos barajado, creemos que matar a alguien será lo más fácil. ¿Inmoral? Puede ser, pero lo más fácil al fin y al cabo. Se trata de uno de los nobles más egocéntricos y prepotentes que hay. Regin Sighur, ¿lo conoces?


—Sí, creo saber algo sobre él. ¿Pero no era acaso un héroe de la guerra santa? Recuerdo haber oído grandes historias sobre él cuando llegué a Inglaterra. —Wolf ríe a carcajadas con las ignorantes palabras de Noir, faltando poco más para que el chico pierda la paciencia—. ¿Y ahora de qué te ríes, si se puede saber?


—Me río porque tú eres otro de los que ha caído en su treta. Nunca fue un héroe, ni hizo ningún acto de valentía. Se apoderó de las acciones de otros aventureros haciéndolas suyas, aprovechando el empujón de fama que le dio haber estado en aquel incendio fatídico salvado por Gabe Macria hace unos veinte años. —Wolf desenvaina su fino estoque cromado, con grabados de flores y lobos, para deslizar el dedo sobre su filo—. Ese hombre ha sido secretamente acusado de canibalismo, violaciones y mala gestión del dinero del condado que dirige. Un borracho empedernido, padre de familia con tres hijos infelices y abusados a diario. Presuntamente, su mujer murió por un accidente montando a caballo, pero todo es una vil mentira. Merece morir, Noir...


—¿Y sabes lo que harás si algo sale mal? Nunca hemos dado un golpe contra alguien de ese rango. Podemos salir perdiendo todos si nos descubren. Incluso nuestros seres queridos... —Noir piensa en su querida Evie, casi teniendo claro rechazar el pedido.


—Hacemos honor a nuestro nombre, hermano. Somos Recon, y tenemos ojos y oídos en todas partes. Hemos preparado todo hasta el mínimo detalle, nada puede salir mal. Ese hombre, si así se le puede llamar, morirá si tú tienes la convicción para seguir con esto. ¿Qué me dices? —Wolf le ofrece su mano para abandonar esas inútiles horas de pesado trabajo y tener la gratitud que tanto echaba en falta. Los obreros ya los miraban con sospecha y dudando de si Wolf tenía que estar ahí, así que Noir debía tomar una rápida decisión.


—Me estás ofreciendo ser un asesino, Wolf.  


Me paré a observar los dos destinos que se me ofrecían, uno más oscuro pero gratificante que el otro. Si seguía mi vida como obrero, podría vivir en paz pero siempre estaría cansado y asqueado de todo. ¿Realmente merece la pena vivir una vida aburrida? Bueno, si me equivoco, no sé qué es lo peor que podría pasar.


—Vale... te veré esta noche en el gremio. Lo haremos.


—¡Ese es mi chico! ¡Te veo más tarde, entonces! —Después de darme una palmada en la espalda, simplemente se marchó silencioso como el viento. Las gloriosas visiones de futuro que me llegaron me habían cegado totalmente, haciéndome pensar como un iluso que yo, un novato de veinte años con un poder que ni siquiera sabe manejar, podría llegar a la cúspide del éxito tan fácilmente. Ojalá fuera así... te equivocaste conmigo, Castiel.

 

Noir es un joven de veinte años, de tez blanca y rasgos occidentales. Tiene un pelo alborotado pero que conserva un estilo juvenil, de tono moreno arrimando a completamente negro. Por otro lado, sus ojos son totalmente opuestos, teniendo un color gris que logra engatusar con la mirada. Mide alrededor de 178 centímetros, y tiene un peso de 70 kilogramos. Es ambidiestro, y es de procedencia irlandesa.

 

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