Capítulo 1: En Algún Lugar

En algún lugar de un gran país… existía una ciudad que
crecía a una rapidez increíble, convirtiéndose en un ejemplo de progreso,
modernidad y sofisticación; un ejemplo mundial cosmopolita, siendo tenida como
uno de los mejores lugares donde se podían hacer inversiones y negocios, y
dónde se podía tener una excelente calidad de vida.

Un día, recién finalizada la segunda década del Siglo
21, una pandemia azotó el mundo, provocando, además de una severa crisis
sanitaria, una serie de crisis económicas y sociales, las cuales perduraron
incluso después de que la epidemia pasó: grandes empresas quebraron, mucha
gente se fue a la ruina, negocios que estuvieron vigentes por décadas tuvieron
que cerrar las puertas; fue una hecatombe económica, pero los más afectados
fueron los países de la región de la que les estoy hablando; esto incluye a
“Esa Ciudad”: los empresarios que controlaban los negocios de ésta, y la
metrópoli a la que pertenecían, se vieron en una crisis sin precedentes y
muchos tuvieron que declararse en bancarrota; grandes empresas desaparecieron,
otras tuvieron que ser vendidas a precio de remate, incluso negocios y lugares
icónicos de La Ciudad se convirtieron en simples estructuras que solamente
adornaban el panorama desolador. El crecimiento de la ciudad, y la esperanza de
que compitiera con las grandes urbes mundiales, se vio truncado, dejándola,
junto a la metrópoli y a su población, en un estado de incertidumbre; el país
ni siquiera hizo nada para salvarla, puesto que hacía todo lo posible por
mantener el orden en una nación que cada día veía más descontento e incluso
atisbos de insurrección y balcanización. Los políticos de “El Estado” estaban
desesperados, y el éxodo financiero de la Ciudad y la Metrópoli estaba a la
vuelta de la esquina.

No obstante, la Post-Pandemia trajo a ciertos
misteriosos individuos, la mayoría de ellos empresarios, magnates e
inversionistas, de un vasto poder económico; salvaban empresas, reactivaban la
economía de varios países e hicieron milagros financieros que salvaron negocios
que estaban prácticamente en la ruina. Estos individuos pusieron la mira en
aquel diamante en bruto que parecía hundirse en el fango de la incertidumbre
económica; estos “Mesías Financieros” llegaron desde distintas partes del globo,
instalándose en la Ciudad; economistas, magnates, así como buena parte de las
esferas de poder político y empresarial los recibirían con los brazos abiertos.
La Ciudad no sólo fue salvada, sino que estos personajes impulsaron un
crecimiento casi desenfrenado de ésta: nuevos negocios se abrieron y aquellos
que estaban en peligro de extinguirse resurgieron, trabajos de infraestructura
fueron impulsados, se generaron miles de empleos; la Ciudad cambió a una imagen
que ni siquiera se hubiera imaginado ni el Estado, ni el País, pudiendo
competir, e incluso estar a la par de las grandes ciudades primer mundistas.

Los políticos y los círculos de poder no podrían estar
más contentos y aliviados… pero todo en esta vida tiene un precio: los Mesías
Financieros de la Post-Pandemia ahora eran los amos y señores de la Ciudad, y
es probable que de la Metrópoli, incluso del Estado, teniendo más poder que los
políticos, manejándolos como si se trataran de piezas de ajedrez. Nada sucedía
sin su permiso, y quien quisiera ir contra sus deseos, verían las
consecuencias. Estos Oligarcas hacían y deshacían a su antojo, tanto a la luz
como a las sombras; mismos grupos del Crimen Organizado que tenían también sus
negocios en esos lugares tuvieron que ceder ante ellos, revelándose que buena
parte de la riqueza de estos Mesías no se consiguió con solamente estudiar
economía; eran seres que deambulaban entre el mundo lícito e ilícito. Aquellos
que querían recuperar su poder por la fuerza, vieron con impotencia el inmenso
poder que tenían estas personas y hasta donde llegaban los tentáculos de su
influencia: cuando te das cuenta que un simple empresario es capaz de mover
ejércitos de mercenarios o asesinos profesionales a voluntad, sabes que debes
sentarte y escuchar.

Al final, tanto el mundo lícito como ilícito de la
Metrópoli tuvo que cerrar filas y rendirle pleitesía a estos Cristos
Financieros. La paz reinó en el Estado, y el país no podía quejarse de ello,
puesto que el dinero fluía, la estabilidad reinaba, y si veían que había algún
“ideólogo” que quisiera echar todo a perder, podían contar con que sus nuevos señores
feudales, quienes eran agradecidos con aquellos que los ayudaban.

Los años han pasado, y La Ciudad podría decirse que
era ya un Paraíso Financiero que no dormía, aunque muy pocos en toda la
Metrópoli podían acceder a este feudo futurista, cuyas luces de neón incluso
iluminaban las sierras montañosas que le resguardaban como si se tratara de una
fortaleza natural, convirtiéndose en un lugar exclusivo donde las mismas
fuerzas municipales, a las órdenes de sus nuevos dueños, se encargaban de que “ciudadanos
de baja categoría” no entraran.

Los Mesías Financieros se encargaron de impulsar
distintas actividades, tanto lícitas como las que se supone que, según la ley,
no lo son; entre estas destacó bastante el rubro del “Entretenimiento”, algunos
conocidos como casinos, burdeles, Strip
Clubs
, discotecas, espectáculos exóticos, similares y conexos; otros que,
aunque no eran nuevos, no tenían tanta proliferación en las épocas Pre-Pandemia:
los circuitos de peleas ilegales; o como eran conocidos de manera coloquial,
los Coliseos.

Los Coliseos se diferencian de los Circuitos de Artes
Marciales Mixtas en que tienen pocas (o en otros casos, ninguna) reglas, además
que no son televisados y se guardan con celoso secretismo a la población común;
pero a diferencia de los Circuitos de Peleas Ilegales comunes es que los
Coliseos son exclusivos para gente poderosa, donde se apuestan millones e
incluso acciones de empresas. Estos espectáculos ganaron tanta popularidad en
las esferas empresariales y políticas tanto del Estado como  del País, e incluso de otras partes del mundo.

Uno de los Mesías Financieros que se especializó en
este tipo de entretenimiento fue una hermosa y misteriosa mujer multibillonaria
de cabello plateado que era adornado por rayos negros, originaria de las
montañas del Cáucaso: Tamara Cholokashvili, mejor conocida como “Chocolate”,
siendo la dueña de un imperio de entretenimiento clandestino que poco a poco
comenzó a abarcar La Ciudad, pero su firma sería un Coliseo, uno exclusivamente
femenino, bastante particular que gozaba de una inmensa popularidad entre toda
la Elite de la Ciudad. Su nombre era: “The
Amazon’s Coliseum

La Ciudad

Era de noche, y cualquiera que pudiera ver ese lugar
perdido en el tiempo desde lo alto de un edifico a las afueras de la ciudad, o
desde un helicóptero, podría ver como si se tratara de un cielo iluminado por
millones de estrellas: luces neón iluminaban la Ciudad, las hermosas y enormes
calzadas tenían afluencia de personas al igual que los restaurantes y bares;
empresarios iban saliendo de sus oficinas y se arrancaban hacia las Callejuelas
donde se encontraban los centros de entretenimiento, puesto que ya era Viernes.
Los jóvenes se divertían en las discotecas, las cuáles eran para todos los
gustos; ya fueran a puerta cerrada o al aire libre. La Ciudad tenía un aire
festivo, y no se veía con ganas de dormir.

Más al sur, casi a los pies de la gran cordillera
montañosa, la cual era iluminada por las residencias que se encontraban en sus
colinas adyacentes como si se trataran de castillos, algo pasaba: una afluencia
de carros de lujo llegaban a un enorme complejo, el cual en su entrada tenía un
hermoso jardín donde aves exóticas volaban libremente entre la gran cantidad de
árboles, y los pavorreales soltaban sus característicos aullidos; calzadas llenas
de estructuras, fuentes y lagos artificiales adornaban ese gran complejo donde
raros peces nadaban; al fondo, coronando ese lugar y siendo iluminado por luces
frías azul y morado, estaba una enorme estructura en forma de cilindro
inclinado, el cual se erigía imponentemente. Al lugar se apersonaba una gran
cantidad de personas, hombres y mujeres, vestidas formalmente: empresarios,
políticos, magnates, entre otros similares; solos o acompañados, entraban al
enorme recinto.

Dentro de la estructura, en una parte que estaba “bajo
tierra”, había una arena, la cual estaba repleta de toda esta gente de alcurnia
en unas gradas altas y otras más importantes en palcos exclusivos, como si se
tratara de un Circo Romano moderno; y como la antes mencionada histórica
estructura, la gente se divertía viendo lo que pasaba en la arena: en un ring circular, el cual estaba rodeado
por una malla negra de acero, dos mujeres combatían duramente: los menos
enterados pensarían que era un evento de Artes Marciales Mixtas cualquiera,
pero el ver como estas dos chicas peleaban de esa manera tan salvaje, sin
ningún tipo de limitaciones, donde incluso hasta los cabezazos y los golpes
detrás de la cabeza estaban permitidos, hacía pensar que no era un evento de
MMA común y corriente.

-¡Acaba con ella!

-¡Ya la tienes! ¡Sométela!

-Oye, Ragano, si pierde por la que apostamos tendremos
que venderle acciones a Barcenas, ¿no?

-Sí, licenciado Castañeda…

-Me lleva la verga… esta cabrona ya se le montó… ¡Quítatela
de encima! ¡La puta que te parió!

Los asistentes gritaban, vitoreaban y pasaban esa
velada de violencia de distintas formas. El resto de la velada así pasó, con
chicas de distintas disciplinas y variados estilos de pelea luchaban cuerpo a
cuerpo, cuyas vestimentas que no estaban estrictamente sujetas a las reglas de
las MMA le daban ese aire variopinto;
se notaba que las pocas que no usaban guantes se limitaban a lucha de sumisión,
y también podía notarse a algunas chicas que usaban guantes de boxeo,
apegándose únicamente a ese estilo.

La noche pasaba, y la sangre corría del rostro de las
chicas, siendo detenidos los combates por el referee cuando una brutalizaba de
cruel manera a otra a base de golpes o cuando la contrincante se rendía por
alguna llave de rendición. Otros combates terminaban por un puñetazo seco o una
potente patada a la cabeza, causando que la perdedora cayera cual árbol recién
cortado. Todo esto para placer del público, quienes tenían distintas
reacciones.

-¡Espléndido, Lucía! –Decía un viejo empresario a su
acompañante, algunas décadas más joven que él, quien estaba tomada de su brazo-.
¡Esta preciosidad me hizo ganar cinco millones de dólares!

-¡Me alegro, mi amor!

-¡Con una chingada! –Gritaba otro-. ¿Qué acaba de
pasar aquí?

-Ni modo, licenciado. Su pago será bien recibido –le
respondía otro, entre risas-.

-¿Sabes? Si ya estamos en esas de que pelean vestidas
así –decía un joven a sus amigos, refiriéndose a que algunas peleadoras
luchaban un tanto ligeras de ropa-, deberían ponerlas a pelear sin ropa o en
lodo.

-¿Y si vamos por una de ellas terminando el evento? Con
feria afloja.

-Olvídalo –les contesta un hombre, posiblemente en sus
30’s, de cabello oscuro y barba de candado-…

-Ah, chinga. ¿Y por qué?

-Son nuevos aquí, ¿verdad?

-Sí, mi papá me invitó acá, pero él se fue a atender
unos asuntos.

-Bueno… ¿Ven a esa mujer de arriba?

Los jóvenes divisaron a una dama de cabello largo
plateado con rayos negros, enfundada en un vestido color vino y un sombrero del
mismo color, quien bebía champagne desde un palco bastante alto.

-Ah mira, está buenísima.

-Ella es la dueña de aquí, y es la dueña de esas
chicas; no permite que nadie las toque.

-¡Ja, ja, ja, ja! –Reía el muchacho de forma creída-.
Mi papá es senador, ¿crees que esa vieja me va a impedir de hacer lo que
quiera?

-N-no chingues, Andy…

-¿Qué? –Pregunta el joven a uno de sus amigos, que
estaba pálido del miedo-… ¿Qué sucede?

-Yo la conozco… o mejor dicho, mi papá… él le tuvo que
vender sus terrenos. Es a la que conocen como Chocolate.

-¡No mames! –Otro de los acompañantes se veía igual de
asustado-… ¿Esa es Chocolate?

El joven que respondía al nombre de Andy comprendió
todo, tragando saliva.

-¿Ahora ya lo entiendes? –Pregunta el hombre de barba-.

-¿Saben qué? Olvidé que tengo que ir por mi novia… nos
vemos luego -El chico se va despavorido-.

-¡Hey! ¡Espera! ¿A dónde vas?

-Es el hijo del Senador Garrido, ¿no?

-Sí… ¿cómo lo sabe?

-Sólo les diré que muchos senadores le deben la vida a
esa mujer; gracias a ella, su padre no está refundido en la cárcel por
malversación de fondos. Ahora, si me disculpan, yo tengo otras cosas que hacer…
disfruten el espectáculo.

Los jóvenes se quedaron estupefactos ante las palabras
de aquel hombre, quien da un último vistazo al palco donde la mujer apodada
“Chocolate”, veía el espectáculo.

La mujer peli-plateada, sentada en un comodo sillón, veía
con una sobria satisfacción el espectáculo, quien estaba acompañada por una
chica joven de lentes, traje de secretaria, cabello violeta y corto, y por dos
hombres bastante altos y con gafas de sol.

-¿No les parece maravilloso? Tenemos ya una buena
cantidad de peleadoras, y todas están con hambre de victoria. Este torneo que
viene será mucho mejor que el anterior.

-Comparto su entusiasmo, señorita Cholokashvili
–responde la secretaria, quien no soltaba unos documentos que tenía bajo su brazo-,
pero no puedo dejar de preocuparme que el alto flujo de participantes ha estado
atrayendo la atención de ciertas personas problemáticas; las solicitudes de
inscripción que estoy recibiendo son de personas con perfiles… ¿cómo
decirlo?... un poco preocupantes.

-¡Eso es lo que lo hará más divertido! –Decía gustosa
la mujer, mientras se cruzaba de piernas-. Cientos de guerreras, con distintas
motivaciones, harán lo que sea por erigirse como la más fuerte del mundo; y
además de eso, por el tan generoso premio que tengo para ellas: 2 millones de
dólares, y una petición especial concedida por parte mía… y sabes que puedo
conceder casi cualquier cosa.

-No sea mentirosa –dice uno de sus guardaespaldas, uno
blanco y de cabello claro-… a la anterior ganadora no le dio su deseo.

-Yo solo le propuse que, si quería, se lo podía dar si
me ganaba en un combate; ella aceptó, y perdió –la mujer guiña el ojo-… le dije
que sería como un “previo” antes de la acción.

-Bueno, no es que sea una petición muy ortodoxa el “Tener
sexo con usted enfrente de todos los presentes” –dice el otro guardaespaldas,
uno de rasgos africanos y calvo-.

-Lo sé, Jacob; pero yo estaba dispuesta a hacerlo. Ni
modo, no siempre se gana.

-¿Y si una de las ganadoras es la mujer rusa de los Spetsnaz que se acaba de inscribir?

-Deja de preocuparte, Natalia. Si quieren llegar a mí,
tienen que demostrar que lo valen, yo les brindo esa oportunidad; pero para
eso, tienen que ser parte de mi mundo –la mujer señalaba con su palma abierta
la arena de combate-… Oh, también escuché que una vieja amiga regresó a la
ciudad…

-Cierto, la señorita Fazekas… no tengo ninguna
petición de ella para unirse al torneo.

-¡Ah, sería una lástima! Tengo tantas ganas de volver
a enfrentarme a ella…

Mientras, en la jaula, el último combate estaba en
curso: una mujer rubia, atado en una cola de caballo, forcejeaba en el piso con
una chica pelinegra, quien tenía sus piernas amarradas en el torso de su
oponente, la cuál soltaba ocasionales puñetazos y cabezazos, pero la de bikini
negro con verde se amarraba con su brazo de la cabeza de su oponente para
evitar esas arremetidas.

-¡Te voy a joder, puta brasileña! –La de cabello
claro, que portaba un short y top azul, le dice en inglés a su oponente-… Ni
creas que me vas a ganar por tenerme así.

La mujer de azul colocaba los pies en la lona para
incorporarse e intentar levantar a la brasileña y azotarla; esta, quien era de
menor musculatura que su contrincante, pero de un cuerpo atlético bastante
definido, enreda sus piernas con las de su rival para hacerla perder el
equilibrio, provocando que cayera de espaldas a la lona. El público celebra.

-¡Bien! ¡Vamos, Aleconda! ¡Hazle una palanca al brazo!

La de negro con verde, que no portaba otro equipo de
combate más que un par de botines de lucha, rodilleras y muñequeras, comenzaba
a llavear a su rival, mostrando sus
evidentes hechuras en Jiu Jitsu Brasileño, pero la angloparlante resistía con
su fuerza física, quitándosela de encima; ambas quedaron de pie, separadas la
una de la otra ante la celebración del público.

-Vaya –decía la hermosa brasileña con un toque sensual
en su hablar, un poco agitada por el combate-… parece que has mejorado
bastante, Dumas.

-¡Que te jodan a ti y a tu Jiu Jitsu Brasileño! No has
hecho más que evitarme –decía con una tonalidad hostil la mujer que se puso en
pose de boxeo-.

-Perdona, deja enmiendo mi error…

La mujer de cabello negro, largo y suelto se arrastró
cual serpiente con dirección a Dumas, pero ésta la abraza por detrás del
abdomen para evitar que la derribe.

-Ni lo pienses…

Desde esa posición le dio varios rodillazos, pero la
chica giraba para liberarse de su captora, ahora quedando ambas en un agarre en
el centro del ring, tratando de forcejear mientras estaban de pie, al tiempo que
la de cola de caballo lanzaba rodillazos y puñetazos de cuando en cuando; en
eso, y valiéndose de su enorme fueraza, Dumas empujó a Aleconda hacia la malla,
teniéndola de espaldas contra ésta.

-¿Ves? No puedes hacer nada si no estás en el piso
–decía mientras le daba cabezazos y rodillazos desde esa posición-. Ahora te
enterarás…

La de guanteletas azules se abraza de su oponente,
dispuesta a azotarla en un Suplex de
Estómago contra Estómago
; el ataque es exitoso, con la diferencia de que la
brasileña aprovechó que su oponente quiso montarse sobre ella para apresarle el
cuerpo con sus piernas y colocar su cabeza debajo de su brazo en un candado: Aleconda
aplicaba un Guillotine Choke a Dumas.

-¡Carajo…! ¡¿Cómo diablos resististe eso?!

La mujer no respondía, sólo apretaba más la llave.

-No lo lograrás…

La mujer quiso valerse de su fuerza para liberarse al
levantarse desde esa posición, pero la presión a la cabeza y las costillas fue
mucha, terminando en el piso tras gritar de dolor.

-¡Mierda! –La de habla inglesa palmea el brazo de su
contrincante, anunciando su rendición-.

-¡Se acabó!

El referee, tras decir esto, manda a sonar la campana,
ante la celebración de varios, y el desapruebo de aquellos que apoyaban a la de
azul. La brasileña soltó a su víctima, quien quedó tendida en la lona, tratando
de agarrar aire nuevamente.

-¡Damas y caballeros! –Gritaba el anunciador-. La
ganadora vía sumisión por Guillotine
Choke
: ¡Aleconda!

La hermosa brasileña levanta la mano en señal de
victoria mientras el público la aclamaba.

-¡Cásate conmigo, Aleconda! ¡Yo te puedo mantener toda
la vida!

Entre esa clase de comentarios, otros peores, y unos
pocos que eran más agradables, Aleconda sonrió de manera triste, encogiéndose
de hombros y retirándose del lugar al mismo tiempo que él referee asistía a la
mujer derrotada.

-Dumas, ¿llamo a un médico?

-¡Vete a la mierda! –La mujer aleja al referee a la
fuerza, parándose por sus propios medios y alejándose del ring-.

-¡Puta canadiense! ¡Me hiciste perder 4 millones!

-¡Ojala que te los metan por el culo! –Respondió la
mujer-.

-¡¿Qué dijiste?!

El hombre iba a sacar un arma, pero en eso se le acerca
otro hombre, precisamente era Jacob, uno de los guardaespaldas de Chocolate, quien
toma al hampón del hombro.

-Disculpe señor, pero le pediré que se controle y que
no se le ocurra tocar a las chicas.

El hombre voltea a ver en los palcos, habiendo otros
individuos también vestidos de traje, pero que el revoltoso pudo notar que
escondían rifles debajo de sus asientos, y estaban listos para disparar.

-No haga enojar a la señorita Cholokashvili.

-Tch… está
bien, pero controlen a sus pinches perras.

-No les falte el respeto y ellas no se lo faltarán.

Ya todos conocían de lo que era capaz la reina de ese
castillo llamado Amazon’s Coliseum. Esta se para de su asiento, dirigiéndose a
la orilla de su palco y dirigiéndose al público.

-¡Damas y caballeros! Espero que hayan disfrutado la
función del día de hoy, recuerden que pronto serán los combates preliminares
para el próximo Torneo de la Diosa de la Guerra; ya he recibido peticiones de
inscripción de muchas luchadoras, algunas recomendadas o patrocinadas por
varios de los presentes, y créanme que este definitivamente será un torneo
mucho más emocionante que el anterior…

-Definitivamente será mejor si se la folla una de las
luchadoras en el ring como quiso la anterior ganadora –murmuró un hombre a un
acompañante suyo, el cual denegó en desapruebo-.

-… así que, por favor, les pido la cooperación de
todos para que este torneo sea inolvidable; sé que se divierten mucho, pero
todo con respeto a mis chicas, puesto que ellas se dejan la piel en el ring
para entretenerlos y, por supuesto, para darles ganancias a ustedes. Así que,
los sigo esperando aquí. ¡Buenas noches!

Algunos presentes se retiraban, algunos charlaban
entre ellos mientras seguían bebiendo champaña y vino antes de que el recinto
cerrara, y otros iban a un cubil donde cobraban las apuestas que habían hecho
esa noche.

Chocolate y Natalia, su secretaria y asistente, se
marcharon a la oficina de la primera.

-¿Entonces son todas las que se han inscrito?

-No, señorita Cholokashvili, y era algo que quería
comentarle una vez terminando el evento, puesto que debemos darle atención a
ese asunto.

-¿Y ese es…?

-Que tenemos una solicitud de una arte marcialista
proveniente de las “esferas inferiores”. Precisamente de las colonias populares
ubicadas en los límites de la Ciudad.

-¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja! –Ríe con auténtica hilaridad
la mujer georgiana-. ¡Ay, Natalia! ¡No seas tan clasista!

-No es eso: primero que nada, el hecho de que personas
fuera de nuestra esfera se quieran involucrar harán que ciertos elementos
indeseables comiencen a molestarnos. Recuerde que no cualquiera puede entrar a
esta Ciudad.

-¿En serio? Yo opino lo contrario –la mujer se asoma a
la ventana del edificio, la cual daba la vista a la Ciudad y sus luminarias-:
todo ser vivo tiene derecho a disfrutar de los placeres del pecado, sin importar
su posición económica. Lo único que necesitas es la suficiente fortaleza para
sobrevivir a esta jungla y a su fauna que estará dispuestas a devorarte. ¡Sólo
mírame! Una campesina proveniente de las montañas de Georgia está ahora en la
posición que está.

-Comprendo su punto… pero tenga en cuenta que hay
gente que la busca y que la quiere ver encerrada, o muerta.

-Aquel que tenga la suficiente fortaleza para
derrocarme y derribar mi imperio, puede intentarlo; si lo consigue, entonces no
hay nada que hacer; de hecho, tendrá mi completo respeto.

Natalia suspira ante la lógica de su jefa.

-No puedo convencerla de lo contrario, a usted le
gusta sonreírle al peligro. Sólo le advierto que el nuevo Fiscal del Estado no
parece querer cooperar con la gente como nosotros.

-Sí, ya lo conocí.

-¿Cómo? Si el mismo dice que, de atrapar a los oligarcas,
los enviará a prisión.

-Estaba sentado viendo el evento, ya van varias noches
que viene a ver los combates. ¿Sí te fijaste en el guapetón que estaba sentado
al lado de los hijos de ese senador asqueroso cuyo culo me pertenece?

-… ¿Era él?

-Se ve más atractivo en persona que en la televisión…

-¿Cree que debería decirles a Jacob y a Karadorde que
hagan algo al respecto?

-No, quiero ver hasta donde está dispuesto a llegar. También
quisiera ver qué se trae Vico entre manos.

-En serio, jefa, tenga mucho cuidado.

-Estás muy tensa, Natalia. ¿Qué te parece si te invito
a cenar para que relajes esos nervios?

-¡No se lo tome a la ligera!

-¡Anda! ¡Vamos! –La mujer toma de los hombros a su
secretaria y la empuja-. También haré esa magia que sé hacer para que te
relajes.

-¡No señorita!... O quiero decir, no es que no me
gustaría… pero debería tener cuidado con…

-Cállate y vamos…


Tamara

...

La
Metrópoli

La Metrópoli es como le llamaré a ese conjunto de
municipalidades y localidades que conforman la principal Área Metropolitana de
la Capital del Estado; además de la Ciudad, se encuentran lugares como La
Capital, el Municipio Comercial, el Municipio Industrial, los Suburbios del
Norte, Oriente, Poniente y Sur, y las Comunidades en Desarrollo ubicadas en el
extremo oriente y norte de la Metrópoli; aunque algunas regiones, especialmente
el La Capital, el Municipio Comercial y algunos suburbios del Sur y el
Oriente,  muestran un desarrollo
considerable a comparación de hace algunos años, es muy evidente que el Estado
se ha concentrado más en la imagen de La Ciudad, notándose cierto rezago social
y abandono en el resto de las municipalidades, a mayores o menores rasgos.

Era de día y las actividades diarias en sus
localidades estaban en su apogeo. En el Municipio Comercial, el lugar en el que
nos concentraremos ahora, hace gala a su nombre por su principal actividad
económica, un chico en sus tempranos veinte, de cabello negro y complexión
atlética, estaba sentado en las bancas de uno de los tantos Campus que se ubicaban en la Universidad
más prestigiosa del Estado. Revisando su teléfono celular, y bostezando por el
aburrimiento, el chico voltea a ver cuando una voz femenina llamó su atención.

-¡Brandon!

A él se aproxima una chica de aproximadamente su edad,
alta estatura, de cabello largo y castaño rojizo, la cual tenía una bolsa
deportiva en su hombro. El aludido se pone de pie, sin cambiar la expresión
seria de su rostro, el cual incluso no se inmutó por el beso en la mejilla.

-¿Me estuviste esperando mucho?

-Me dijiste que estuviera aquí a las 3, ya son las
4:30 y hace un puto calor –decía con fastidio-... Pero bueno, ¿me vas a decir
la nueva noticia?

La joven mujer, mientras se mordía los labios y ponía
una mirada pícara, da golpecitos con el codo al muchacho.

-Adivina a quién acaban de aceptar en un circuito de
lucha libre…

-Oh… entonces por eso tardaste.

-Sí, perdóname, es que me llamaron casi de última
hora; por eso llevé mi equipo, pero no me pidieron que luchara, sólo pidieron
unos datos y me dijeron que fuera la próxima semana.

Mientras decía esto, la chica se acomodaba los flecos
que le tapaban su bello rostro y sus expresivos ojos. Su amigo no pudo evitar
hacer un sonido con su boca que mostraba duda.

-… ¿En serio no te pidieron pruebas?

-No, solamente me pidieron mi experiencia en las otras
empresas que estuve y así.

La chica, en efecto, se veía como una amazona: la
minifalda de mezclilla que traía con un par de botines negros mostraba unas
piernas largas y fuertes, y su blusa blanca sin mangas mostraba unos brazos
que, aunque no eran exagerados, a cualquiera le podrían decir que era una mujer
que entrenaba bastante.

-Aurora… no jodas… te he dicho que tengas cuidado con
ese tipo de empresas.

-No te preocupes, es la promoción que me recomendó una
amiga.

-¿Lorena, verdad?

-Sí.

-… No lo sé…

-¡Anda! ¡Deja de quejarte y vámonos!

Los dos jóvenes comenzaron a caminar con dirección a
la avenida principal mientras charlaban.

-Aurora, sé que estás desesperada por encontrar otra
promoción, ¿pero no crees que lo estás forzando?

-Tengo 25 años, no quiero perder más el tiempo. Sentía
que estaba logrando mi sueño de ser una luchadora tan buena como mi papá… pero…

-Sí, sí… estuvo bien mal pedo que la haya absorbido
otra promotora y luego que no te hayan permitido regresar.

-Por no chuparle el pene al promotor…

-Hiciste bien.

-¡Oye! Lo dices como si fuera capaz de hacerlo.

-No pongas palabras en mi boca que no he dicho.

-Es el tono con el que lo dijiste…

-Llevas mucho tiempo conociéndome y sabes que jamás te
hablaré escupiendo arcoiris.

-Sería divertido.

-Deja de joder.

La mujer ríe ante eso.

-Pero sí, esta es mi oportunidad. No es una empresa
grande, pero es mi oportunidad para empezar algo. Las otras empresas no me
aceptan porque no tengo “suficiente experiencia”. ¿Puedes creerlo?

-Más que no tengas experiencia, es que no fuiste muy
conocida…

-Ouch… eso
duele…

-Pues es la verdad.

-Andas muy grosero. ¿Quieres que calle esa boca en el
ring?

-Ahorita no… tuve entrenamiento hoy en la mañana y
estoy molido.

-¿Miedo?

-Sabes que puedo patearte la cola el día y a la hora
que quieras, sólo que hoy no.

-¿Escuchas eso? Se escucha como una gallina, ¿estoy en
una granja?

-Cuando esté dispuesto, haré que pongas un huevo en el
ring.

Los dos jóvenes siguieron platicando de esa manera tan
alegre, evidentemente tenían varios años de conocerse por la forma tan personal
y quitada de la pena con la que se hablaban.

Una semana pasó, ya era de tarde, y Brandon salía de
un gimnasio acompañado de varios chicos más jóvenes que él; algunos vestidos
con gi de Judo.

-¡Hasta luego, maestro!



-Nos vemos la próxima semana, chicos.

Justo en ese momento, Aurora, cargando su maleta
deportiva, y un rostro en extremo fastidiado y cansado, hace acto de presencia.

-¡Miren! ¡Es Aurora!

-¡Hola! ¿Quieres salir con nosotros?

El rostro fantasmal y hostil de la chica ahuyentó a
los estudiantes de judo, temerosos de una retribución dolorosa. El joven se le
queda viendo a su amiga quien parecía que tenía ganas de desatar el infierno, y
la forma en la que le hizo la siguiente pregunta no ayudó en mucho.



-¿Cómo te fue en tu prueba?

-Tú, yo, a la lona, ahora.

-¿No te aceptaron?

-Hubiese sido mejor que no lo hubiesen hecho, pero no
te diré más. Vamos, quiero desquitarme.

-¿Y yo qué culpa tengo? Carajo.

-Oh, ya entiendo. El señorito tiene miedo.

El muchacho se destensa al escuchar esto, colocando
una sonrisa que mostraba un dejo de fastidio y molestia.

-Si te gano, me vas a decir qué pasó.

Los dos entraron al gimnasio. El joven se quedó con un
par de shorts, una playera sin mangas y unas zapatillas de lucha; la chica
vestía un leotardo deportivo, un par de botas cortas de combate, rodilleras y
coderas.

-¿Cuántas veces te he dicho de que no me siento cómodo
luchando contigo vistiendo así?

-Perdona, no sabía que no conocías los leotardos o los
trajes de baño. ¿Has visto a las corredoras de maratón? ¿Las clavadistas? ¿Las
gimnastas?... ¿Algunas luchadoras, tal vez?

-Sí, pero… nah
olvídalo.

-Eso me gusta.

La chica se abalanza contra su compañero de sparring, pero éste aprovecha el ímpetu
de su rival, dándole una derribada de cadera al estilo del judo y sometiéndola en el piso.

-Vaya que estás enojada, ni puedes concentrarte bien.

-Ten cuidado con lo que deseas.

La chica gira desde esa posición al puro estilo
grecorromano, para luego tomar por detrás al joven y arrojarlo en un Suplex que hace que éste golpee
agresivamente la lona con su nuca y espalda. La chica no lo soltaba del agarre.

-¡Mierda! ¡Oye! ¡No dijimos que se permitían suplexes!

-Es estilo libre, nene.

-Luego no quiero que estés llorando.

La chica gira e intentaba amarrar la cabeza de su
oponente con sus muslos, pero éste lo impedía al colocar sus manos; aunque la
pasaba mal, debido a que las piernas de la mujer eran bastante fuertes.

-Ya no caeré en eso…

-Ah, ¿entonces dejaba que te amarrara la cabeza con
mis piernas a propósito?

-¿Podrías dejar de decir tonterías? Siento que me
estás acosando.

-El sufrido, le dicen.

El sujeto dio varios giros para liberarse de su
captura. Ambos se enfrentaban en una lid bastante pareja a ras de lona, hasta
que el muchacho quedó encima de su oponente, tratando de amarrarle la cabeza y
el brazo con sus propias extremidades superiores.

-Arm Triangle
Choke?
–Decía confiada la chica mientras sus músculos se tensaban para
evitar ser amarrada con esa llave-… Anda… aplícamela.

Cualquiera se sorprendería al ver que la mujer pareciera
tener más fuerza física, porque el muchacho tenía dificultades para cerrar la
llave.

-¿No puedes? ¿Necesitas ayuda?

Este prefirió cambiar de estrategia, usando otra posición
para amarrar su brazo y cabeza con sus piernas, y ahora quedando él de espaldas
en la lona y ella de rodillas.

-¿Vas a callarte?

-Acabas de cometer un grave error…

Aurora ahora levantaba desde esa posición a su rival
para que quedara sentado sobre sus hombros.

-Truco viejo…

El chico se escabulle al girar hacia delante de sí mismo,
quedando detrás de ella, rodando, y derribándola al amarrar sus extremidades
inferiores con su cintura, causando que la chica diera de espaldas a la lona.
Brandon quiso intentar montársele para finalizar con una palanca, pero no
funcionó por la fuerza que hacía su oponente. Al final los dos vuelven a “posición de guardia” en el piso, con el
muchacho forcejeando encima de la chica.

-Evitando mis llaves no te dará la victoria.

-Tampoco te la dará a ti tratando de aplicarme todo el
arsenal que te sabes.

La chica habló de más: Brandon le rodeó el cuello con
sus brazos, al mismo tiempo que enredaba sus propias piernas con las de ella.

-Creí que te sentías incómodo peleando conmigo
vistiendo así –lo dice con una evidente tonada de dolor e incomodidad, además de
que muy apenas se le entendía porque su cara estaba hundida en el pecho de su
contrincante-.

-Lo estoy, pero si de esa manera dejarás de decir
estupideces…

-¿Te sigues sintiendo incómodo así? –La chica se
abrazaba de su oponente, creando una fuerte presión en su espalda y costillas-.

-Muy barato…

-Ese sonido de tus costillas suena a que no será
barato en el hospital.

-Si quieres jugar a ver quien aguanta más, será mejor
que dejemos de pelear o te romperé el cuello.

-¿Entonces te rindes?

-Para nada…

-Entonces seguiremos así… a menos que me quieras
soltar…

Pero las cosas se pusieron raras cuando alguien abrió
la puerta.

-¡Te juro que deje mi celular aquí, Bryan!

-¿Seguro que no lo dejaste en tú casa?

-¡La concha de tu madre! Tuvimos que regresarnos hasta
acá y…

Los tres alumnos de Brandon se toparon con la escena,
volteando su maestro bastante apenado y asustado, soltando a su oponente al
instante. La chica, solo saludaba con su mano.

-¡Hola, chicos!

-Hola, Aurora. Perdón, profe, sólo veníamos a buscar
el celular de Bryan. Ustedes continúen.

-Pero limpien la lona cuando terminen.

-¡¿Qué carajo hacen aquí?! –Se levanta intempestivamente
el muchacho-. ¡A sus casas!

-Pero mi cel,
profe.

-Busca tu pinche celular y cáiganle.

-Qué suerte la del profe…

-Tú no tienes oportunidad con Aurora, es mucha mujer
para ti.

-No jodan, tarados. Estaban luchando.

-Yo también lucho en la cama.

-Jonathan, cállate que el maestro tiene cara que nos cagará
a piñas la próxima semana.

Los adolescentes murmuraban mientras buscaban el
móvil; Brandon, por su parte, se restregaba su enrojecido rostro. La chica reía
divertida mientras veía la escena.

-¿De qué te ríes? ¿No que estabas que echabas chispas
hace rato?

-Ya no, creo que ya me desestresé. Pero esto cuenta
como una victoria mía.

-¿Victoria tuya? ¡No me rendí! ¡Estos idiotas vinieron
en el momento más inoportuno!

-Excusas…

-¿Sabes qué? Ya me cansaste…

-Oh, el tigre está que ruge…

-Pues no le agarres la cola…

-¿Quieres terminar?

-¡Ya nos vamos, profe! –Ya habían encontrado el
teléfono aquellos jóvenes-. Aurora, dile que no sea tan rudo.

-Lárguense o la próxima semana habrá sparring conmigo.

Los tres se van al instante tras esa amenaza del
sonrojado pelinegro. La chica se pone de pie y le toca su hombro.

-Entonces… ¿Quieres continuar?

-Ya no. Si lo quieres tomar como una victoria para ti,
adelante.

-Ahh –suspira
la chica de manera resignada-… ¡Qué forma tan aburrida de perder! Pero si te
consuela, lo tomaré como un No Contest.

-Ahora que estás menos furiosa, ¿qué fue lo que pasó?

-¿Te acuerdas de la ex novia de tu amigo de la
preparatoria?

-¿De David?… sí, me acuerdo… era la que participaba en
esos videos de -el muchacho guardó silencio por un momento, hasta que “se hizo
la luz”-… oh… creo que ya sé por donde van los tiros.

-“Bien, vamos a empezar” –la chica citaba a las
personas que la querían contratar para ese circuito de lucha-… “No, quítate las
botas. A nuestros clientes les gusta más que estén descalzas… ahora quiero que
le des nalgadas mientras la tienes doblada…”

-No jodas. ¿Te obligaron a hacer eso?

-¡No! ¡No me iba a dejar! Eso lo decían mientras
estaban dándome el ejemplo, y eso que todavía no llegaban a la lucha en lodo.

-Bueno… la ex de David estaba en un circuito un poco más
profesional y competitivo, pero ese tipo de empresas por lo general son… ¿cómo
decirlo?

-Sé que hay
empresas “Session”; pero esta, al
parecer, se maneja con Videos on Demand:
un cerdo se contacta con ellos, les dice “Quiero a estas chicas vestidas de
Conejita Playboy, y quien gane…”. Bueno, ya te imaginarás.

-¿Y cómo
escapaste?

-Obligué a
una amiga a que me marcara a mi celular y fingí que mi padre había tenido un
accidente automovilístico.

-No
juegues con eso, Aurora.

La chica
se encoge de hombros.

-Ya
aprendí a vivir con ello. Podría decirse que mi papá me salvó desde el cielo de
haber terminado luchando en lodo semidesnuda.

-Te lo
dije.

-Lo sé,
mierda. Pero nada…

La chica
bajó la mirada con un claro dejo de desánimo.

-Ya
llegará otra empresa –decía Brandon mientras coloca la mano en su hombro-.

-No, ¿para
qué me hago pendeja? Ese sueño ya está muy lejano. Debería dejarme de estas
cosas y dedicarme solamente a mi carrera.

-No digo
que eso esté mal, al contrario; pero vamos, estoy seguro de que eventualmente
llegará. Sólo no quites el dedo del renglón.

-No, ya lo
intenté bastante. Y es comprensible, no me siento deprimida ni nada por el
estilo; el mundo cambió después de la crisis que hubo por el Bicho.

-Aurora,
no jodas.

-Voy a
usar las regaderas, si no te molesta.

-Adelante.

La chica
se va sin decir nada. El joven se cruzaba de brazos, teniendo un evidente
rostro frustrado por ver a su amiga tan desanimada.


Aurora Aristeguieta

Los días
pasaron, la chica iba al trabajo, regresaba a su departamento, hablaba por
redes sociales con sus amigas y de cuando en cuando con Brandon. Se la pasaba
mirando las fotos de su padre que estaban en su habitación, especialmente una
donde él, un hombre bien parecido, de alta estatura y notoria musculatura, fue
a acompañarla en su debut como luchadora profesional. En algunas ocasiones se
ponía a ver videos de lucha libre mexicana, pro-wrestling
y puroresu.

Seguían
pasando los días, hasta que parece que tuvo una “revelación”. La chica se llenó
de determinación, levantándose de su cama donde se la pasaba todas las tardes y
noches después del trabajo.

Un día, la
chica salió de su casa; pero para su sorpresa, Brandon iba llegando.

-¡Oh, hola
Brandon! Justo iba a buscarte.

-Oh,
bueno, sólo pasaba por aquí y casualmente me di cuenta que traía dos de estos…

El
muchacho sacó dos boletos para un concierto de la banda de metal favorita de
Aurora.

-¡No es
cierto! –La chica parecía bastante emocionada, dando un gritito de euforia al
mismo tiempo que abrazaba al muchacho-. ¡Eres el mejor!

-¿Qué?
Sólo dije que traía dos de estos… te quería preguntar a quién podía invitar…
¡Carajo!

La chica
cambio ese abrazo a un “Abrazo de Oso”, causándole calambres al chico.

-¡Es una
jodida broma!

-Te
soltaré si me dices para quienes serán –la chica colocaba una mueca de
diablillo-.

-¡Para ti,
mierda! ¡Suéltame!

Tras
soltarlo, Aurora tomó el boleto, dando brinquitos de emoción.

-¡Sí!
Realmente me había rendido de ir a su concierto porque la renta está
comiéndome.

-A todo
esto, ¿a qué ibas a mi casa?

-¿No puedo
verte?

-¿Y qué
tal si estoy teniendo sexo?

-¿Con
quién? Además, tú eres pésimo para el sexo casual.

-Te
contestaría como es debido, pero amanecí de muy buen humor, ¿para que querías
ir?

-Porque
decidí que ya no voy a intentar unirme a un circuito de lucha libre.

-Oye…
¿Estás segura de eso? –Se veía un poco preocupado el pelinegro-.

-Sí, y eso
es porque yo haré mi propio circuito de lucha libre.

La cara de
póker del muchacho fue apoteósica,
aunque ni el sabía si era porque estaba feliz, extrañado o preocupado por la
decisión. Al final, decidió irse por la reacción más lógica.

-Me siento
feliz porque, dentro de lo que cabe, no hayas renunciado a tu sueño, o que lo
hayas enfocado de otra forma. La pregunta es: ¿Cómo le harás?

-Tengo
unos ahorros, además de que tengo la pensión de mi padre. Sumado a eso, haré
horas extras en el trabajo para obtener más ingresos.

-Créeme,
te vas a matar para eso.

-No
importa, creo que es más fácil hacerlo de esa forma. Tengo el salario para
tener un buen ahorro en un tiempo, el problema es que tendré que privarme de
ciertas cosas y me veré muy apretada con los gastos.

-Entiendo.
De todos modos, sabes que cuentas con mi apoyo.

-Muchas
gracias, aunque me gustaría hacer esto con mi propio dinero. Tú tienes muchos
gastos, además de que necesitas concentrarte en la maestría, y eso no es
gratis.

-Bien,
bien; pero cualquier cosa que necesites, me avisas.

-Te lo
agradezco, en serio. Por estos boletos, yo te invito la nieve.

-Excelente,
sólo no te cobres al doble la próxima comida.

-Hiciste
suficiente con estos boletos. ¡Ven, vamos!

En el
Aeropuerto Internacional del Estado, una bella mujer de abundante cabello
rubio, portando un par de gafas de sol, bajaba de un vuelo comercial. Mientras texteaba en su teléfono celular, la
chica salió del aeropuerto, arribando un auto particular que la esperaba
afuera; por el hecho de que la dama revisó las placas del auto, por la forma en
la que el chofer la saludó, y por el teléfono celular puesto cerca del volante
con el GPS encendido, parecía ser un
taxi de aplicación.

-Buenas
tardes… ¿Viktoria, verdad?

-Sí, soy
yo. Buenas tardes.

-¿Le ayudo
con las maletas?

-No, así
está bien. Sólo ábrame la cajuela, por favor.

Tras guardar
su equipaje, la mujer tomó el asiento del copiloto, procediendo a ponerse en
marcha el vehículo.

-¿Cómo le
fue en su viaje?

-Bien,
gracias por preguntar. Nada fuera de lo común.

-Disculpe
si parezco fastidioso, pero su acento me pareció interesante. ¿Es de Rusia o
algún lugar de Europa del Este?

La mujer
sonreía de una manera irónica, pero contestó con amabilidad.

-Dios me
salve de ser rusa o de algún lugar similar. No, soy de Hungría.

-Oh, he
escuchado hablar de Hungría pero soy muy pésimo en geografía.

-Descuide,
a pesar de que conozco este país, es la primera vez que vengo aquí.

-Tiene sus
cosas bonitas, aunque yo, personalmente, hubiese elegido otra parte… no es que
este feo aquí, lo que pasa es que las cosas se han vuelto muy extrañas
últimamente.

-Espero
que eso que me dice sea cierto –la mujer se acomoda su hermoso cabello dorado-.

El hombre
sonríe extrañado, así que decide seguir el camino tratando de hablar lo menos
posible.

Un buen
día, en un auditorio en el centro de la Metrópoli, un concierto de Power Metal se llevaba a cabo, estando
los fanáticos del género cantando, saltando, meneando sus cabezas o haciendo Mosh Pit al ritmo de las canciones.

Aurora y
Brandon disfrutaban en primera fila del show, mientras los dos cantaban a todo
pulmón junto con el resto de la audiencia:

-~”We’ve got the power, we are divine ~ We have
the guts ~ to follow the sign. Extracting tensions from sources unknown ~ We
are the ones to cover the throne” ~

Incluso
las notas de guitarra eran cantadas a todo pulmón por Aurora y Brandon.

-¡Esto me
motiva más, Brandon!

-Me alegro
que te estés divirtiendo…

-No, en
serio… con esto sé que voy a poder cumplir mi sueño de poner mi propio circuito
de lucha libre. ¡Ya lo verás!

Esas
palabras llamaron la atención de cierta mujer de cabello rubio y ondulado que
disfrutaba el concierto sin hacer tanto escándalo. La mujer observaba con su
mirada gris a Aurora, quien terminó sintiendo que alguien la veía. La chica de
cabello castaño se sonrojó un poco, especialmente después de que la rubia le
sonriera coquetamente.

-Deja de
molestar a la gente, Aurora.

-¿Qué?
Ella era la que me estaba mirando.

-¿Quién se
pone a hablar de lucha libre en un concierto?

El
concierto continuó, terminando con la canción más popular de la banda, cómo
casi siempre se suele hacer. Fue una velada increíble, despidiéndose aquel
grupo ya un poco veterano pero con la misma energía de su juventud.


Aurora

Una vez
terminado el concierto, toda la turba se retiraba, aunque llegó al grado que el
lleno del recinto creaba un propio río humano cuya masa corpórea movía
involuntariamente a los que estaban ahí.

-¡Fue lo
mejor! ¡En serio, lloré!

Brandon
sonríe ante eso.

-Me alegra
que te haya gustado. Oye, vamos a cenar.

-Podemos
comer jochos aquí.

-¿Y te
dices nutrióloga?

-¿Qué? Que
yo le diga a la gente qué comer no quiere decir que yo tenga que dar el
ejemplo.

-Paso,
acuérdate de la gastroenteritis que me dio por comer mugrero en la calle.

-De
acuerdo, de acuerdo. ¿A dónde quieres ir?

-A donde
tú quieras.

-¿Me
agarraste el trasero?

-No.

La chica
pudo notar que detrás de ella había un grupo de chicos riendo.

-¿Pasa
algo?

-Nada,
debió haber sido un accidente…

Pero al
parecer no lo fue, porque volvió a sentir otra vez que una mano le apretó un
glúteo, notándolo esta vez el muchacho.

-¡Oigan!
No jodan.

-¿De qué
hablas, we?

-Brandon…
déjalo, vámonos por acá.

Aurora
estaba en extremo incómoda, pero no quiso meterse en problemas, empujando a su
amigo lejos del lugar. Los dos se perdieron de la turba, cruzando una avenida
principal hasta donde estaba una tienda de conveniencia.

-Aurora,
esos pendejos te estaban agarrando el culo. Logré verlo.

-Lo sé,
pero no quiero que nada me arruine esta noche. No quiero amargármelo peleando
con alguien.

-¡Por
favor! Esa clase de tipos necesitan un “hasta aquí”.

-Sólo
íbamos a armar un escándalo…

En ese
momento, los mismos sujetos, 6 en total, los terminaron abordando. La
incomodidad de Aurora aumentaba, al igual que la ira de Brandon.

-¡Hola
amiga! Oye, ¿no quieres venir con nosotros?

-Pero sin
el novio, a final de cuentas ni te puede defender.

Los 6
sujetos ríen burlonamente.

-Váyanse a
la verga todos, no quiero lastimarlos.

-Uuuuy, se nos puso bravo. Anda, wey, al final de cuentas a la morra le gustó.

-Vente a
divertirte con nosotros.

-En serio,
no queremos problemas –la chica se veía incómoda, pero su seriedad iba en
aumento-.

-No hay
ningún pedo, sólo vamos a divertirnos…

Pero en el
momento que uno de ellos quiso agarrarle la mano a la chica, ésta gira y le
tuerce el brazo, derribándolo. Brandon se une a ella, dándole un fuerte
puñetazo bien conectado a la mandíbula del otro, derribándolo.

-¡Hijos de
su puta madre!

Los 4
restantes fueron al ataque; Aurora y Brandon supieron defenderse, pero los
otros dos se recuperaron y el número comenzó a hacer mella, a pesar de lo bien
que se defendían los primeros dos..

-¡Ya
cáiganle! –Brandon se ponía frente a Aurora, quien estaba bastante golpeada
pero aún de pie-… ¿Tanto afán tienen de coger como para agarrarse a golpes con
alguien?

-Eso ya es
porque ya nos emputaron.  

Pero en
ese momento, una patrulla llegó a escena. Los jóvenes, cobardemente, comenzaron
a hacerse las víctimas.

-¡Oficiales!
¡Esos dos nos empezaron a golpear!

Dicho y
hecho, los uniformados comenzaron a esposar a Brandon y Aurora.

-¡¿Qué
hacen?! ¡A quienes deben arrestar es a ellos!

-¡Esperen!
¡Ellos estaban acosando a mi amiga!

-¿Y cómo
chingados no quieren que la acosen por cómo va vestida? –Señala el oficial el
short corto y la blusa ombliguera negra-. De todos modos están arrestados por
alterar el orden.

-¿Y a
ellos no los van a arrestar? ¡Ellos también estaban peleando!

-No
oficial, miren como nos golpearon –en efecto, los maleantes estaban en peor
condición que Aurora y Brandon-. Miren, me tumbaron un diente.

-Y a mi me
lastimaron el brazo…

-Son cargos
por lesiones. A la patrulla.

-¡Esperen!

En ese
momento, una mujer rubia de pantalón de mezclilla, zapatos de tacón y una blusa
roja irrumpió.

-¿Se
podría decir que están haciendo, oficiales? –Dice la mujer de acento húngaro-.

-Usted no
se meta. No tiene nada qué hacer aquí.

-A mi se
me hace que la rusa también los quiere acompañar –decía uno de los oficiales
con tono burlón-.

-La vamos
a arrestar por obstrucción de la justicia.

El grupo
de acosadores se burlaba al ver eso.

-Oh, ya
veo… Esto le encantará al subdelegado Delgado.

Los
policías se quedaron callados después de escuchar esto.

-¿Quién
chingados es usted?

-Soy una
mujer que puede hacer esto…

La mujer se
acerca a uno de los maleantes, dándole un fuerte puñetazo a la barbilla a uno
de ellos, derribándolo. Los demás se molestaron, pero prefirieron acudir a la
policía.

-¡Miren!
¡Nos está agrediendo!

Los
policías iban a detenerla pero ella los para en seco.

-Si me
tocan, el subdelegado se enterará… oh, también se enterará de otras cositas.

-¿Cómo
vergas sabemos que es verdad?

-Háblale a
tu jefe, pendejo –eso lo dijo con un marcado acento extranjero-.

En efecto,
el policía le llama a su comandante, hablándole en código por su móvil.

-… Sí… es
güera, mide como uno setenta, ojos claros y habla con acento ruso o alemán…
quien sabe...

Al
instante, el rostro del oficial se empalideció; se podía escuchar como su jefe
lo regañaba al otro lado de la línea.

-Jefe…
pues no sabía… De acuerdo…

El oficial
le pasa el celular a la húngara.

-¿Sí?...
¡Alberto! ¡Cariño!... ¿Cómo estás?... Es que pasó lo siguiente, unos estúpidos
mocosos querían propasarse con una chica y…

Mientras
seguía hablando, los jóvenes le reclamaban a la policía.

-¿Qué
vergas están haciendo? ¿Por qué no la suben?

El policía
le dio una bofetada al que le reclamaba.

-¡Cállate
el pinche hocico, Ricardo! Por tu culpa me meteré en un pedo con el jefe.

-¡Yo soy
el hijo del jefe de tu jefe!

-Y el jefe
de tu papá trabaja para esa mujer. Cállate el puto hocico antes de que la
cagues más.

Aurora y
Brandon estaban confundidos; los maleantes estaban asustados y los policías
estaban nerviosos.

-… Es muy
desafortunado de que llegando aquí tenga que ver estas estupideces de tu gente…
Sí, está bien. ¿Pero qué hay de ellos?... No, ese tipo de cosas no se hacen…
¿Hablo con él?... De acuerdo…

-¡No,
espera! –Uno de los aprovechados interviene-. ¡No le llames a mi papá!
¡Perdóname amiga por eso! –Se dirigía a Aurora-.

-¿Qué
esperan para quitarles las esposas?

Los
policías proceden a liberar a los dos jóvenes.

-Señores
policías, lo que hizo este muchacho fue acoso y agresión sexual por hacerle
tocamientos a esta chica, ¿no?

-Pues sí…

-Y eso se
paga con cárcel…

-Sí
–responden con desgana a la húngara-.

-¡No! ¡No
quiero ir a la cárcel o que mi papá se entere! –Decía casi llorando-.

La mujer
suspira al ver ese espectáculo.

-Vaya
hombrecito… bien, no le diré a tu padre…

-¡Gracias!
¡En serio, gracias!

-Amiga,
¿cómo te llamas?

-Este –la
chica trataba de digerir lo que pasaba-… Aurora.

-Bonito
nombre. Aurora… reviéntale las pelotas al chico este.

-Oiga,
señora –interviene el policía-… no creo que sea necesario…

-Es eso, o
le digo a tu padre, quien asumo que es el alcalde de este municipio. ¡Oh!
¡También estaría genial que se enteren los medios! ¡Hijo del alcalde es un
acosador!

-No, no…
está bien… golpéame.

-En las
pelotas.

El chico
se veía nervioso, especialmente por ver el casquillo de las botas de la chica.

-Okey…

Aurora se
acerca a él con un evidente rostro de enfado; después de escupirle en el
rostro, le da una fuerte patada en la entrepierna. El rufián, tras soltar un
aullido, se dobló y cayó al piso, sosteniéndose sus partes nobles. Los policías
observaban serios y los acompañantes del chico veían temerosos.

-Llévenselos,
invéntense lo que sea. Y si me entero que tu padre está quejándose de que lastimaron
a su retoño, créeme que volverás a saber de mí.

Los
policías instaron a base de palabras altisonantes a los acosadores para que
subieran a los vehículos, llevándose a rastras al supuesto hijo del alcalde de
ese municipio. Una vez que se fueron, la mujer vuelve a hablar por celular.

-Ya
arreglamos eso… No, no tiene por qué disculparse. Dónde sea hay esta clase de
idiotas… Claro… Sí, para servirle. Hasta luego.

Tras
colgar su teléfono, y dar un ligero suspiro, la mujer se dirige a los dos
jóvenes.

-Aurora,
¿verdad? ¿Estás bien?

La chica,
temblando de las manos, rompió en llanto tras el susto. Su amigo trataba de
consolarla al abrazarla de la cabeza y acariciarle el cabello.

-Muchas
gracias –Brandon hablaba también en nombre de la chica-… no sabemos como
agradecerle.

La mujer se
acercaba a Aurora, acariciándole el cabello.

-Eres una
chica muy bonita para arruinar tu cara con ese llanto. Dime, ¿qué te pareció el
concierto? A mi me encantó.

Aurora
sonreía dolorosamente, tratando de evitar que la mucosidad de su nariz se
mostrase al aspirar fondo.

-Bien…
aunque la vi muy seria en el concierto.

-Prefiero perderme
en mi misma cuando escucho música. Esos idiotas ya obtuvieron su merecido y no
van a volver a molestarte, no quiero que arruinen tu noche. Me gustaría
compensárselo invitándolos a cenar, pero ignoro si querrán irse con una extraña
después de ese incidente.

-Nos
salvó, creo que puedo confiar en usted –dice Aurora-.

-Aunque la
forma en la que hizo que esos policías se fueran así como así fue algo… no sé…
¿sospechosa?

-Brandon,
no seas grosero.

-No, no, tiene
razón. Yo también desconfiaría de alguien así… bueno, aunque no es tan
sencillo: los altos mandos policíacos de este estado son muy fáciles de
intimidar.

-Aceptamos
si nos dice su nombre.

-Viktoria
Fazekas.

-No suena
de aquí. ¿Europea?

-Sí, de
Hungría –le responde a Brandon-. Si gustan, les cuento sobre mí en mi auto.
Para que se sientan seguros, pueden hablar a sus padres.

-Deja yo
le aviso a mi madre –Brandon menciona-.

-¿Tú no lo
harás?

-Me
gustaría, pero ya no vivo con mi madre… en cuanto a mi padre…

-Oh,
entiendo. No te preocupes, con que sepan donde están…

La mujer
se los llevó a uno de los restaurantes más exclusivos de La Ciudad, Aurora
parecía bastante encantada con el lugar.

-Hace
mucho que no venía a este lugar…

-¿A este
restaurante?

-No, a
esta ciudad –responde Aurora-.

-Sí… antes
uno podía venir aquí libremente, pero últimamente se ha vuelto muy hermética
esta ciudad… digo, uno puede pasearse en los límites, pero más adentro ya es
tierra de nadie y los policías municipales no hacen más que fastidiarte si
saben que no eres de aquí.

-Entiendo,
pero no se preocupen. Conmigo pueden ir a donde sea.

-Agradecemos
la amabilidad, pero después de aquí, me gustaría ir a casa. Ya estoy un poco
más tranquila, pero ha sido una noche larga y agotadora.

-Concuerdo
con mi amiga… deberíamos ir a dormir.

-No se
preocupen, puedo llevarlos a sus casas si así lo desean.

-Si no es
molestia –se encoje de hombros Aurora-. Aquí el transporte particular es muy
caro.

-Por
cierto, Aurora… ¿Puedo preguntarte algo?

-¿Sí?

-¿Eres
peleadora o luchadora?

-Pues…
algo así… yo era luchadora profesional.

-¿Pro-Wrestler, verdad?

-Sí, algo
así.

-Me parece
extraño para tus habilidades de combate que logré notar. Por lo general, y no
me lo tomes a mal, los luchadores profesionales no son muy habilidosos en
peleas reales por… ya sabes, por la naturaleza de su profesión.

-Sé judo,
lucha amateur, grecorromana… y desde niña me he sabido defender. Además, este
muchacho que ves aquí ha hecho que puliera mis habilidades.

-Por el
físico que tienen, se nota que son atletas.

-Algo hay
de eso –dice Brandon-…

-Bueno,
disculpen que me haya entrometido, pero en el concierto te escuché hablar
acerca de que quieres hacer tu propia promoción de lucha libre profesional.
Algo muy ambicioso, aunque supongo que muy caro.

-Sí que lo
es, pero estoy ahorrando para eso.

-¿Te pagan
bien luchando?

-¡Ja, ja,
ja, ja! –La chica se apena un poco-. Lamentablemente no estoy en ninguna
empresa por lo pronto, y no he podido encontrar una promoción. Las cosas han
estado un poco difíciles económicamente… de hecho, con este incidente, tal vez
me cambie de estado.

-Créeme,
he estado en varias partes de este país y esa clase de mierda de gente existe
en todas partes; no sólo aquí, sino también a otras partes del mundo, ni mi
país se salva de esos cerdos. Pero bueno, si no luchas, supongo que trabajas.

-Sí, estoy
trabajando. Gano bien, pero tardaré un buen tiempo en juntar lo suficiente para
comenzar con algo, y eso no me asegura nada.

-Te lo
digo por lo siguiente: yo soy luchadora también… bueno, creo que me acerco más
a Arte Marcialista Mixta.

-Ya decía
yo que ese puñetazo que le dio al otro idiota era de alguien que sabía pelear
–analizaba Brandon-.

-Quería
proponerte… no, mejor dicho, quería mencionarte algo; si te interesa, me dices;
si no, no hay problema.

La rubia
acerca su rostro a ambos jóvenes para que nadie los escuchara.

-En esta
ciudad hay un circuito que podría describirse como de Artes Marciales Mixtas,
sólo que no está oficializado. Las peleadoras ganan bien, además de que hay un
torneo donde la ganadora obtiene 2 millones de dólares y una petición especial
de la organizadora del torneo.

-Un
circuito de Artes Marciales Mixtas no oficializado… suena a peleas ilegales.

-En esta
ciudad, casi todo es legal…

-Es por
eso que no me gusta esta ciudad –Brandon interviene-… yo sé muy bien como se
construyó, y por eso prefiero “de lejitos”. Aurora, ni loca vas a aceptar, ¿o
sí?

-Brandon,
yo tomaré la decisión; y señorita Viktoria, agradezco el ofrecimiento, pero
como verá, soy una luchadora profesional, no una Arte Marcialista Mixta. Me
harían pedazos en un instante.

-Aunque
una chica como tú pudo mantener a raya a 6 sujetos; bueno, estabas siendo
ayudada por éste chico, pero muy pocos podrían resistir tantos golpes y dejar
malheridos a 6 hombres, ni siquiera con la ayuda de otro. Pero bueno, yo podría
entrenarte; yo estuve en ese evento.

-Ya decía
yo –Brandon interviene-. Aurora, vámonos.

-Brandon
–Aurora regaña al muchacho-…

-No,
entiendo… una extraña extranjera ofreciéndole a una mujer pelearse contra otras
por dinero.

-Créeme
que me gusta la idea; yo he sido muy competitiva y no es la primera vez que
estoy en peleas legítimas… pero estoy segura que allá hay chicas mucho más
rudas que yo. Se lo agradezco, pero me gustaría hacer esto “bien”.

-Entiendo,
no hay problema; y disculpen si sonó sospechoso, es que siempre que veo chicas
con ese espíritu de pelea como el tuyo siento que podrían hacer una diferencia
en ese lugar.

-¿Usted ha
estado en ese circuito?

-Aurora,
vámonos. Ya es tarde.

-Tu amigo
tiene razón, pero permíteme darte mi número de celular.

-Descuide,
no creo que lo necesite.

-¿Eres mi
papá?

-Aurora… ¿qué
te he dicho sobre darle tus datos a personas extrañas?

-Descuida,
yo no le pediré su teléfono; yo le daré el mío. Además, por si están en
problemas nuevamente.

-Sí.
Démelo, por favor…

Después de
que Aurora apuntara el teléfono de Viktoria, ésta última pide la cuenta al
mesero.

-¿Aún
desean que los lleve a casa? Puedo pagarles el taxi…

-Si no es
problema, me siento más segura con usted.

Brandon se
veía escéptico, pero el pellizco que ella le dio a la pierna debajo de la mesa
le ordenó que no dijera nada.

-De
acuerdo.

-Igual, si
gustas que nos deje en mi departamento, le dices a tu mamá que te vas a dormir
ahí.

-De
acuerdo –Brandon asiente-.

Tras un
viaje no muy largo, los tres arribaron al departamento de Aurora. Tras las
respectivas despedidas y agradecimientos, Viktoria se retira del lugar.

En la
habitación de la chica, Brandon estaba acostado en una colchoneta y ella en su
cama.

-Ya te
dije que cabes aquí.

-No.
Además, duermes horrible, Aurora. No quiero que me estés dando patadas en la
noche.

-De
acuerdo, llorón.

-¿Cómo
estás?

-Mucho
mejor. Gracias a esa mujer no se me arruinó mi noche, aunque sigo encabronada
por esos idiotas.

-Me sigue
pareciendo sospechosa… digo, parece que tiene muchas conexiones y fue peleadora
en los Coliseos…

-¿Coliseos?

-Así se
les llama a esos lugares donde hay peleas ilegales.

-¿Los
conoces?

-He
escuchado suficiente… no me han dicho que hayan pasado cosas… pues… ¡Vaya! No
he escuchado que hayan matado a alguien… sólo sé que son usados para entretener
a millonetas.

-Supongo
que las mujeres que van a esos lugares son tomadas por los sujetos que van ahí.

-Bueno, no
he escuchado que eso suceda. Dicen que, dentro de lo que cabe, está muy bien
controlado… pero aún así no es buena idea que vayas ahí.

-Ya veo
–Aurora se notaba pensativa-… voy a dormirme, tengo mucho sueño.

-Buenas
noches.

-Brandon…

-¿Sí?

-Muchas
gracias por todo lo que hiciste por mí esta noche.

-No hice
mucho… si no hubiese sido por esa mujer, nos habrían arrestado.

-Pero
estuviste a mi lado. En serio, gracias.

-No es
nada… buenas noches.

Los días
pasaron como si nada. Aurora trabajaba horas extra, pero cada día que pasaba se
le veía más agotada y más fastidiada; incluso no podía verse con sus amigos
porque simplemente no tenía tiempo; a pesar de ello, lograba juntar algo de
dinero para tener un buen ahorro.

Un mal
día, la llamaron a la oficina de Recursos Humanos de su lugar de trabajo.

-… y ese
es el motivo por el cual debemos rescindir de tu contrato…

-Ya veo…

-Créeme,
intentamos buscar dónde más colocarte, pero muchos de nuestros departamentos
cerraron y ya no hay vacantes. Además de que necesitamos recortar gastos y…

-…
Entiendo. No tiene por qué decirme el cuento que ya sé…

-Aquí está
el cheque para tu liquidación…

-… Bueno,
al menos de eso no me fue tan mal…

-Puedes
venir en una semana por tu carta de recomendación. Te deseo buena suerte.

-Muchas
gracias…

Tras
despedirse, Aurora salió de su otrora lugar de trabajo, viendo su cheque y
guardándolo.

-Bien…
creo que hay que buscar un nuevo empleo… este dinero está bien pero no será
suficiente.

La chica
tomó su teléfono celular, con la intención de marcar a Brandon. Tras parar en
seco, y tras unos minutos de estarlo pensando, procedió a marcar otro número en
su directorio.

-… ¿Sí?
¡Hola, Viktoria! Soy yo, Aurora… ¿Me recuerda?... Bueno, no sé si podía verla
en algún lugar. Invitarle un café o algo, en agradecimiento por salvarme e
invitarme la cena ese día… … ¿A las 5? ¡Excelente! Veame en este lugar…

Aurora
guardó su móvil; aún faltaban un par de horas para las 5, así que decidió matar
el tiempo antes de dirigirse  a su
encuentro con Viktoria.

La Capital.

La Capital
del Estado era la segunda región metropolitana más rica de todo ese
conglomerado urbano, sólo después de La Ciudad.

En la
Fiscalía General del Estado, un hombre de cabello negro, barba de candado, y
muy bien vestido entra a la oficina; todos los saludan amablemente.

-¡Buenas
tardes, fiscal!

-Buenas
tardes, Villagomez.

-Buenas
tardes, fiscal Cabrera.

-Buenas
tardes, Murray, y ya le dije que me llame Armando. ¿Otra vez de tarde?

-Yo
debería preguntarle lo mismo.

-Hay
algunas cosas que debemos resolver aquí… ya sabe...

-Oh… ya
veo por qué vino…

-Nunca
viene porque nos extrañe.

El fiscal
de sus tardíos 30 sonríe amablemente, dirigiéndose a su oficina, donde lo
esperaba una mujer vestida elegantemente.

-Hola,
fiscal. Lamento hacerte venir a estas horas. ¿Muy ocupado?

-Hay unos
casos que debemos resolver, señora. Tenemos que limpiar todo esto desde lo más
alto hacia abajo.

-Después
de todo sigues teniendo el alma de un detective.

-Que me
hayan subido de puesto no quiere decir que deba dejar de hacer que la justicia
se cumpla, mucho menos en este estado.

-¿Aunque
sea metiéndose en La Ciudad?

-La Ciudad
es parte del Estado. ¿O hay algún referéndum del que me deba enterar?

-Nunca
pierdes tu sentido del humor –sonríe la mujer-… pero ya en serio, por eso vine
aquí. Mira, yo comparto tu gusto por que las cosas se hagan de la forma debida;
pero lamentablemente soy consciente de que meterse en ese territorio no haría
que solo peligre su vida: empleos, empresas, reputaciones… aquí no se le irán
al cuello solamente ciertos personajes oscuros de nuestro estado: policías,
empresarios, periodistas; políticos, de los municipios, del estado, del país…
incluso de otros países. ¿Estás dispuesto?

-Estoy
dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias. Tengo ya todo listo para
comenzar. No se trata de cortarle las alas al crecimiento económico y la
estabilidad de nuestro estado, se trata de que se hagan las cosas bien y con
transparencia; a eso también se le suman ciertos negocios turbios de miles de
millones de dólares invertidos por muchos empresarios que creen que pueden
hacer lo que quieren.

-Entonces
solo me queda decirte que sobre aviso no hay engaño, pero tienes mi apoyo en
hacer de este un estado mejor.

-No se
preocupe.

-Por
cierto, se me olvidó mencionarte, si intentas investigar más a fondo a nuestra
querida amiga georgiana, acaba de meterse un nuevo jugador ajeno.

-¿Alguien
peligroso?

-Políticamente,
no. Está dentro de “los marcos legales” –hace énfasis a las comillas-… pero
tiene un solo objetivo.

-Ya veo.
¿Quién sabe? Tal vez nos volvamos buenos amigos.

-Dicen que
es muy hermosa, espero que no se te ocurra hacer nada típico de ti, fiscal Armando
Cabrera Montemayor.

-Descuide…
después de mi divorcio aprendí la lección.

Tras esa
sonrisa confiada, el hombre se retiró del lugar.

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Neilcomentó hace 10 meses

Aurora es muy cool 😄
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