El poema se caracteriza por la ausencia de trama, tiempo, y personajes que cumplan funciones en el conjunto de la acción. Como no es una historia, no hay necesidad de “narrarlo”, por lo cual resulta desproporcionado que ciertos autores expliquen sus creaciones a modo de conferencia. La poesía es breve por necesidad, debido a motivos semánticos y pragmáticos.

Contexto y pretexto: el fenómeno que el escritor capta e intenta plasmar en una obra determinada puede o no obedecer a una relación estrecha entre la esencia y la apariencia de la realidad (de por sí concepto erosionado cada vez más por un furibundo relativismo). De cualquier forma, el “compromiso” que asuma o rehúya frente a determinados asuntos y el modo en que los comunique, influirá de manera decisiva en la obra.

El escritor es también un ajedrecista que usa los tiempos y los espacios del gran tablero del libro para dar jaque mate al lector. Y como en el ajedrez, así como cada pieza puede tener un valor inicial y uno posterior- posicional conforme avanza la partida, cada recurso literario se acrecienta o devalúa a medida que se desenvuelve la lectura

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